El discurso pro vida se hace feminista

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 4m. 18s.

La defensa de la salud y la libertad de la mujer ha sido la bandera tradicional para promover el aborto legal en Occidente. Los pro vida centraban sus argumentos en la vida del niño no nacido. “Derecho a decidir” contra “asesinato”. Años de cambio durante los que el movimiento pro vida ha sustituido las fotografías sanguinolentas por mensajes amables y comprensivos dirigidos a las madres empiezan a dar fruto. La mujer protagoniza el camino de ida y vuelta de la legislación sobre el aborto.

“¿Cuándo lo harás?”, le preguntó su suegra cuando tuvo a la criatura. Lo mismo tuvo que escuchar de su marido y de sus vecinas. Así con sus tres hijas. “Todo el mundo me decía que debía matarlas. Tuve tentación de darles el veneno. Estuve a punto de hacerlo con cada una de ellas. Rompí el tallo y puse el veneno en un cazo, pero no pude dárselo”. Lo dice Sevandhi Ammal en un reportaje sobre el aborto y el infanticidio selectivos en la India (El Mundo, 13-05-2007). Las tradiciones en el país hacen que tener una hija suponga una carga económica que muchas familias no están dispuestas a asumir.

Esa presión social -de familiares, vecinos, de otras mujeres, de medios de comunicación e incluso de médicos- la han tenido que soportar también y continúan soportándola muchas mujeres en los países avanzados, empujadas al aborto. Porque se supone que también en el próspero Occidente un hijo puede ser una carga económica o psicológica inasumible o un hijo enfermo un lastre del que hay que deshacerse.

Lo que sucede en la India es una “crisis nacional”; los movimientos de defensa de la mujer claman contra esa aberración y los medios occidentales menean la cabeza en señal de reprobación, tratando de buscar soluciones que llegan hasta el encarcelamiento de médicos que desvelan el sexo del feto. Pero si el aborto se aplica por igual a niños y niñas, se convierte a ojos de estos presuntos abogados de la mujer en un derecho fundamental y en cuestión capital de libertad y signo de progreso. Lo que en Occidente es “interrupción voluntaria del embarazo” se ha convertido en la India en “feticidio”.

Este enfoque, aunque incoherente, refleja que un nuevo feminismo puede abanderar la causa del no nacido, oponiéndose a esas otras voces que, amparándose en la defensa de la mujer, sirvieron para legalizar el aborto, que actualmente se cobra millones de víctimas al año, especialmente de sexo femenino en países como India y China. Pero también mujeres son víctimas del aborto en los países ricos.

Maternidad frustrada

Van multiplicándose los estudios que estudian las consecuencias físicas y mentales del aborto provocado en las mujeres. El Journal of Anxiety Disorders publicó en 2005 un trabajo sobre el síndrome de estrés generalizado en mujeres que han sufrido un aborto provocado: en ellas se da con un 30% más de frecuencia que en las que han llevado a término un embarazo no deseado. Según otro estudio, aparecido en Acta Paediatrica (2005), las mujeres que han tenido un aborto, espontáneo o provocado, presentan un 99% más de probabilidad de infligir maltrato físico a sus hijos; si el aborto fue provocado, el incremento de riesgo es del 144%. El British Journal of Health Psychology publica (2005) otro estudio del mismo equipo que encuentra mayor riesgo de consumo de drogas en las mujeres que abortaron voluntariamente.

Se han descrito graves alteraciones en las relaciones sexuales y en el deseo sexual de numerosas mujeres que tuvieron abortos voluntarios en estudios de la Universidad de Ginebra, en Polonia y en China (Gynecol Obstet Invest, 2002; Pieleg Polozna, 1988; European Journal of Obstet Gynecol Reprod Biology, 2005).

Un equipo dirigido por A.N. Broen, de la Universidad de Oslo (BMC Med, 2005) muestra que las mujeres que habían abortado presentaban malestar psicológico hasta cinco años después de la interrupción, siendo los efectos de evitación, pesar, angustia y ansiedad mayores en el caso de abortos provocados que en los espontáneos. Especialmente llamativo resulta el hallazgo de David Fergusson (ver Aceprensa 6/06), partidario del aborto: el 42% de mujeres estudiadas que abortaron antes de los 25 años sufrieron depresiones.

En lo relativo a los efectos físicos, algunos estudios muestran que las mujeres con antecedentes de aborto provocado presentan un riesgo mayor de tener un recién nacido altamente prematuro. Entre otras publicaciones, existe una investigación realizada por investigadores de Canadá y Chicago y publicada en el Journal of American Physicians and Surgeons, en 2003. El índice de muerte materna vinculado al aborto es 2,95 veces más elevado que en los embarazos que llegan al parto en la población de mujeres de Finlandia entre los 15 y los 49 años de edad, según una investigación realizada en el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo para el Bienestar y la Salud de Finlandia y publicada por el American Journal of Obstetrics and Gynecology en 2004.