Clonación: promesas exageradas

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Duración lectura: 2m. 25s.

Mark Derr, escritor norteamericano, enfermo de parkinson, expresa en The New York Times (25 febrero 2004) su escepticismo con las promesas terapéuticas de la clonación humana, así como sus objeciones a tales experimentos.

Derr fue diagnosticado de parkinson hace dos años, cuando contaba 52. Como otros enfermos, pensaba que era bastante para beneficiarse de próximos avances médicos, más eficaces que la levodopa. Pero no por eso ha recibido con alivio la noticia de la primera clonación humana, lograda en Corea (ver servicio 26/04).

Aparte de que el remedio contra el parkinson, enfermedad muy citada por los autores del experimento, sigue estando lejano, “mis objeciones son también morales, éticas, económicas y científicas”, dice Derr. “Lo que me molesta es que los científicos presenten una lista exageradamente optimista de posibles beneficios de sus investigaciones”.

Derr se queja de este recurso a las esperanzas de los enfermos. “Invocar el sufrimiento del ser humano para justificar la clonación y otros polémicos procedimientos es fraudulento e injusto. Decir que se hacen con fines terapéuticos no cambia el hecho de que los investigadores de Corea del Sur hayan clonado un embrión que podía haber llegado a convertirse en un ser humano. Alegar para ello unos posibles beneficios terapéuticos simplemente oscurece otras cuestiones fundamentales.

“Posibilidad que además parece bastante remota. Incluso si los científicos utilizaran la clonación reproductiva para obtener neuronas de mis células, ¿quién podría decir que esas nuevas neuronas no vayan a morir otra vez después de ser inyectadas en mi cerebro? En ensayos clínicos el trasplante de neuronas de otras procedencias [como fetos abortados: ver servicios 39/01 y 173/02] al cerebro de un enfermo de parkinson se ha demostrado ineficaz en buena parte de los casos”.

Y aunque la clonación e implantación de neuronas fuera eficaz, saldría muy caro, y sería improbable que los seguros médicos cubrieran el tratamiento. Entonces, “¿las promesas terapéuticas de la clonación quedarán reservadas a quienes puedan pagarlas?”. Así pues, concluye Derr: “En el momento actual la clonación embrionaria significa menos para mí, como enfermo de parkinson, que otras técnicas nuevas, entre ellas algunas que utilizan células madre adultas”.

La noticia de la primera clonación humana ha suscitado más reflexiones. El microbiólogo español César Nombela, catedrático de la Universidad Complutense (Madrid) y presidente del Comité Asesor de Ética, comentó en un artículo en ABC (17 febrero 2004) algunos aspectos relevantes del experimento. “La técnica resultó de baja eficacia y -más importante- no funcionó con células distintas de la mujer que aportó el óvulo”. Más adelante afirma que “el propio principio de si las células embrionarias se podrán emplear en terapias, como ya se hace con las células adultas, está más lejano”.