Quimeras de mono y hombre: ¿hasta dónde se puede llegar?

publicado
DURACIÓN LECTURA: 6min.

La publicación, el mes pasado, de un experimento en que se crearon embriones quiméricos animal-humanos, ha sido recibida con entusiasmo por unos y con temor por otros. De momento, sin embargo, las expectativas en que se fundan tanto una reacción como otra están muy lejos y no se sabe si se podrían cumplir.

El entusiasmo se basa en la esperanza de que un día se pueda obtener una fuente abundante y segura de tejidos aptos para trasplantes. El temor obedece a la posibilidad de que se llegue a producir animales medio humanos. Las dos actitudes trazan una línea imaginaria desde lo conseguido hoy hasta un hipotético término, luminoso o terrible. Pero ese final es muy incierto. Lo que no impide hacer una valoración ética del experimento.

Conviene notar que las quimeras creadas no son híbridos, o sea, organismos obtenidos mediante el cruce de dos especies. Tampoco son embriones humanos con células animales añadidas, cosa que el consenso científico rechaza y algunos países prohíben. Son lo contrario: embriones animales con células humanas.

Las quimeras, casi siempre formadas en animales ya nacidos, se usan desde hace muchos años en los laboratorios. Por ejemplo, ratas en las que se ha introducido tumores humanos sirven de modelos para estudiar el cáncer.

Primera vez en primates

El equipo del director del reciente experimento, Juan Carlos Izpisúa (Salk Institute, en San Diego), ya dio un paso más en 2017, al inyectar células madre humanas en embriones de cerdo, que es el animal más usado para trasplantes a personas: de él se sacan, por ejemplo, válvulas cardiacas. Pero se vio que las células humanas apenas prosperaban y no estaba claro si contribuían realmente al desarrollo de los embriones porcinos. Lo mismo se comprobó en otros experimentos con ratones, y se supuso que la causa era la gran distancia genética entre el hombre y las otras especies.

La novedad del último estudio, publicado en la revista Cell, es que se ha hecho lo mismo con embriones de macaco, una especie mucho más próxima al hombre. Las células madre humanas empleadas son de las llamadas “pluripotentes extendidas” –otro hallazgo del equipo de Izpisúa en 2017–, que se pueden obtener a partir de células embrionarias o somáticas. En este caso, se usaron del segundo tipo, provenientes de células madre inducidas, o sea, células diferenciadas de organismo adulto que se vuelven pluripotentes por reprogramación, gracias al método inventado por el Nobel japonés Shinya Yamanaka.

“Nunca ha sido nuestra intención, ni lo será nunca, crear una quimera viva en un mono huésped”

Antes, a principios de este año, investigadores franceses dirigidos por Irène Aksoy (Universidad de Lyon) publicaron en Stem Cell Reports unos estudios semejantes, con quimeras de diversos tipos, incluidas unas de macaco y humano. Tuvieron poco éxito: a los tres días, las células madre humanas comenzaron a disminuir en los embriones de macaco.

El equipo de Izpisúa ha tenido resultados mejores. Las células madre humanas se integraron en los embriones de macaco y proliferaron hasta constituir el 5-7% en dos de las cuatro capas embrionarias, el epiblasto y el hipoblasto (mucho menos en las otras). Las del epiblasto produjeron proteínas humanas; las demás se asimilaron en esto a las de macaco.

Por otra parte, las células humanas tuvieron un desarrollo más lento que las de un embrión normal de macaco. También fueron disminuyendo en proporción: tras ser inyectadas, a razón de 25 por embrión, eran en torno al 20%. Por tanto, su capacidad para formar quimeras es más bien débil.

Sin intención de crear quimeras vivas

Los embriones, cultivados in vitro, sobrevivieron de 15 a 19 días, y no se planteó implantarlos en hembras de macaco para que fueran gestados. Izpisúa declaró, a propósito de este experimento: “Nunca ha sido nuestra intención, ni lo será nunca, crear una quimera viva en un mono huésped”. El estudio respondió a dos fines principales. Uno es investigar el desarrollo embrionario, y como “no podemos hacer ciertos tipos de experimentos en humanos”, dice Ispizúa, se necesitan modelos animales más apropiados para estudiar, entre otras cosas, el origen de trastornos congénitos. El otro fin es explorar las posibilidades de conseguir quimeras que suministren material para trasplantes.

Un experimento realizado hace cuatro años en Japón lo consiguió mediante una quimera obtenida por inyección de células madre de ratón en un embrión de rata. De ella se extrajeron luego porciones del páncreas que, trasplantadas a ratones con diabetes inducida, la curaron. Pero no se sabe si eso funcionaría en humanos.

Algunos temen que por esta vía se llegue a producir “animales no humanos con capacidades humanas inaceptables”

Para comprobarlo, sería necesario ir más allá de las intenciones de Izpisúa y colegas, y crear quimeras vivas, lo que causa mucha preocupación. Los mismos autores reconocen que su experimento era dudoso, y antes consultaron con expertos en bioética, que lo aprobaron. Pero otros que han comentado el caso una vez publicado, no están convencidos.

¿Planeta de los simios?

Una objeción proviene de la imposibilidad de dirigir las células madre humanas para que den origen al tejido deseado: el experimento muestra que migran a cualquier parte del embrión. Esto, además de ser un obstáculo a la explotación de quimeras para trasplantes, abre una posibilidad inquietante, anota el especialista en bioética Insoo Hyun (Case Western Reserve University): que las células humanas se propaguen al cerebro, con resultado como el de un trabajo publicado en 2014. Científicos de la Universidad de Rochester insertaron en ratones células cerebrales de fetos humanos, que al cabo de un año habían prevalecido sobre las originales. Los ratones ganaron en memoria y en inteligencia.

Si eso ocurriera con primates, ¿se haría realidad la fantasía imaginada en El planeta de los simios? Algunos temen, en efecto, que se crearan animales semihumanos con estatuto moral ambiguo. Un informe de la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina, de EE.UU., advierte que, si continúan estos experimentos, se puede llegar a producir “animales no humanos con capacidades humanas inaceptables”.

Pierre Savatier, uno de los autores del estudio francés publicado este año, comparte la preocupación por la “humanización” de simios. También señala un peligro más inmediato y próximo: que se propaguen enfermedades virales entre animales y humanos.

No todo lo que se puede hacer se debe hacer

Por ahora, lo que se ha hecho en este caso no parece incorrecto en sí mismo: no se han empleado embriones humanos ni se ha pretendido que nacieran quimeras. Las objeciones al experimento se basan más bien en hasta dónde se podría llegar si se siguiera por ese camino. El problema no está en que pueda haber primates con hígados humanos para trasplantes. La cuestión decisiva es si un mono muy inteligente, por tener neuronas humanas, seguiría siendo solo un mono o sería algo más. Es difícil contestar.

Por otro lado, hay una dificultad práctica: los primates son caros y poco prolíficos. En los macacos, la gestación dura casi seis meses y rara vez nace más de una cría. En cambio, una cerda da unos veinte lechones por año en dos partos. Experimentar con embriones de macaco puede servir para aprender a mejorar los resultados con cerdos, que además presentan la ventaja de tener órganos más parecidos en tamaño a los humanos. Aunque, si se trata de trasplantes, quizá resulte más rentable perfeccionar la creación de quimeras a partir de animales formados que a partir de embriones.

El discutido experimento es, en fin, investigación fundamental, sin aplicaciones prácticas, por más que evoque escenarios inquietantes. De todas formas, vale lo que dijo el mismo Izpisúa: “No todo lo que podemos hacer los científicos se debe hacer”.

Contenido exclusivo para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Funcionalidad exclusiva para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta para poder comentar. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.