Células madre embrionarias: cuando los resultados no cuentan

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El debate sobre la investigación con células madre embrionarias vuelve al primer plano de la actualidad después de que un juez federal americano haya decidido paralizar de manera cautelar la financiación pública destinada a estas líneas de investigación.

El juez, Royce C. Lamberth, ha estimado que la orden ejecutiva de Obama que en 2009 amplió las posibilidades de financiación pública de estas investigaciones viola la prohibición de que los fondos federales se utilicen en investigaciones que destruyen embriones humanos.

Una vez más, como si de la reposición de una telenovela se tratara, vuelven a la pantalla mediática los mismos actores, argumentos y, probablemente, el mismo desenlace. El que se opone es deslegitimado por el sólo hecho de oponerse. Sobre el que arbitra, el juez en cuestión, llueven todo tipo de sospechas ideológicas. Los que se quejan de la decisión del juez se erigen en víctimas de la barbarie ideológica y religiosa.

Los tópicos del género pseudocientífico campan de nuevo a sus anchas por las páginas de los periódicos, los estudios de radio y televisión e incluso por Internet: “necesarias para salvar vidas”, “objeciones religiosas”, “poner trabas a los avances científicos”, “el deber de cuidarnos unos a otros”.

Muchas recuerdan que Barack Obama abanderó el nuevo curso científico en la investigación con células madre embrionarias tras anular las limitaciones impuestas por Bush en la etapa anterior. Pocos saben o explican que lo que hizo Bush fue oponerse a destinar más fondos públicos a estas líneas de investigación pero en ningún caso las prohibió. Bush permitió en 2001 investigar con células obtenidas de embriones ya muertos, pero se negó a financiar los nuevos caladeros de embriones que se pretendían construir, aquellos a los que Barack Obama dio luz verde en marzo del año pasado (cfr. Aceprensa, 11-03-2009).

De hecho, la investigación con células madre embrionarias no ha estado parada en ningún momento, lo que no se ha movido ha sido su casillero de “resultados positivos obtenidos”. Eso sí que cansa, sobre todo a los inversores, y una prueba de ello ha sido el cambio de rumbo -discreto, por supuesto, para no tener que rectificar públicamente- llevado a cabo por el Instituto de Medicina Regenerativa de California que, tras cinco años de infructuosas investigaciones con células madre embrionarias, ha decidido centrarse en las células madre adultas. Con los 230 millones de dólares que dedicó el año pasado a investigación financió 14 equipos de investigadores, 10 de ellos se ocupan de las células madre adultas y sólo 4 de las embrionarias (cfr. Aceprensa 04-02-2010).

Parece por tanto una irresponsabilidad seguir enarbolando la bandera de las futuras curaciones del Alzheimer u otras enfermedades degenerativas gracias a las células madre embrionarias, creando expectativas fraudulentas en origen y ocultando los peligros que esto conlleva.

La utilidad médica de las células madre adultas

Las investigaciones con células madre adultas se han potenciado desde que el científico japonés Shinya Yamanaka descubriera en 2007 que se podían reprogramar para convertirlas en pluripotentes (que pueden dar origen a cualquier tejido del organismo), como las embrionarias, pero sin el riesgo que éstas entrañan de descontrolarse causando tumores y sin la necesidad de tener que destruir embriones para obtenerlas.

En medicina regenerativa, las células madre adultas siguen siendo las únicas con utilidad médica. Si bien aún no ha pasado tiempo suficiente para tener seguridad de la eficacia a largo plazo de las terapias aplicadas, con estas células se ha logrado reparar distintos tejidos (cardiaco, muscular, de córnea…). Hay numerosos ensayos clínicos en curso, mientras que muy pocos se están haciendo con las embrionarias (cfr. Aceprensa 24-06-2009).

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