Bernat Soria sin bata blanca

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Duración lectura: 3m. 24s.

“Soy un modesto trabajador de laboratorio”, aseguraba Bernat Soria en 2002, cuando estaba en abierta lucha con el Ministerio de Sanidad del gobierno del PP para defender su investigación con células madre embrionarias. Hoy es el nuevo ministro de Sanidad del gobierno socialista, y parece muy satisfecho de haber cambiado la bata blanca por la cartera política.

En la época del gobierno del PP, Bernat Soria defendía con pasión la necesidad de investigar con células madre procedentes de embriones humanos, como el camino más adecuado para tratar enfermedades todavía incurables. Él estaba investigando la curación de la diabetes y había trasplantado células madre embrionarias a ratones con diabetes inducida, y aparentemente había logrado eliminar en ellos los síntomas de la enfermedad. Bernat Soria esgrimió estos resultados para justificar la utilización de células madre embrionarias humanas. Incluso movilizó a la Federación de Diabéticos, asegurándoles que sus esperanzas de curación estaban siendo arruinadas por motivos ideológicos o religiosos.

Luego vino un jarro de agua fría, no del gobierno ni de la Iglesia sino de biólogos de Harvard, que, en un artículo publicado en Science, concluían que las células especializadas obtenidas a partir de células madre no producían realmente insulina, como se había creído, sino que absorbían esa hormona del medio circundante. Normal. La ciencia procede por métodos de ensayo y error. En cualquier caso, el tratamiento para la diabetes aún no estaba al alcance de la mano y las promesas anunciadas por Bernat Soria eran prematuras (ver Aceprensa 16/03).

En los años siguientes, se han extendido los ensayos clínicos con células madre adultas en distintas enfermedades, mientras que no se han podido diseñar ningún tratamiento experimental con células madre procedentes de embriones.

Pero Soria siguió siendo el paladín de la investigación con embriones humanos. Con su notoriedad mediática, amenazaba con llevarse sus investigaciones fuera de España, a Singapur. Si una vez más España decía “que inventen ellos”, Bernat Soria no se pararía. Si los políticos no le permitían investigar, él no renunciaría a la ciencia. Él solo quería investigar sin trabas, encerrarse en su laboratorio.

Cuando el gobierno del PP autorizó, aun con restricciones, las investigaciones con células madre procedentes de embriones sobrantes de la fecundación in vitro, Soria tanteó a distintas administraciones socialistas. Y finalmente se decidió por la oferta de Andalucía, donde dirige desde 2005 el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa.

Ahora ya lo tenía todo: un instituto de investigación, un equipo, financiación generosa y una Ley de Investigación Biomédica recién aprobada, que permite la clonación “terapéutica” y la utilización de embriones humanos como material de laboratorio. ¿Qué más podía pedir para sus investigaciones?

Pero entonces recibió la llamada de Rodríguez Zapatero y “si tú me dices ven, lo dejo todo”. Un hombre que parecía dispuesto a saltar por encima de cualquier obstáculo para continuar sus investigaciones, no ha resistido la llamada del político. No han sido las trabas legales, ni religiosas, ni financieras las que le han apartado del laboratorio, sino el atractivo del poder. Y quien solo quería observar por el microscopio, mira hoy sin pestañear hacia las cámaras.

Pero no es que haya dejado la ciencia por la política. En la política hace mucho que estaba, con su pretensión de cambiar las leyes y sus declaraciones de corte ideológico. Pero ahora podrá seguir haciendo política a tiempo completo.

Soria ha asegurado que el programa de investigación con células madre para el que le fichó la Junta de Andalucía no se parará. Su aportación personal, aun disminuyendo en cantidad, “ganará en calidad” desde su sillón de ministro. Por supuesto. Donde esté el BOE que se quite Science.

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