Aumenta la asistencia a la maternidad en los centros pro vida

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Duración lectura: 5m. 27s.

Análisis

Cuando se habla del aborto, el debate se suele polarizar. Mientras los partidarios de su despenalización lo convierten en una reivindicación ligada a los derechos de las mujeres, los defensores de la vida no comprenden cómo puede cerrarse los ojos a la evidencia y permitir la muerte de los inocentes. Pero, por encima de debates legislativos o políticos, a muchas mujeres que viven ese problema sólo les interesa una cuestión: una ayuda real.

Los datos de la Federación Española de Asociaciones Pro Vida sobre las ayudas realizadas en España a las mujeres y a sus hijos pueden dar cierta luz sobre el trabajo de estas organizaciones. Desde que comenzaron a funcionar, a comienzos de la década de los ochenta, más de 42.000 personas -18.000 mujeres y 24.000 niños- se han beneficiado de la asistencia que se ofrece en los centros y servicios de acogida que gestionan las asociaciones de la Federación. Esos centros se suelen financiar con donativos particulares -tanto económicos como en forma de trabajo voluntario- o con subvenciones, casi siempre limitadas. Por ejemplo, en Madrid, sólo una tercera parte del presupuesto del centro de acogida se cubre con dinero público.

A pesar de la escasez de recursos, el trabajo de los voluntarios pro vida ha hecho posible que en 1998 un total de 2.418 mujeres recibiera asistencia psicológica, jurídica y médica, y que 4.013 niños -entre lactantes y sus hermanos- fueran beneficiarios directos de su colaboración. “Sólo en nuestra sede de Madrid entrevistamos a 690 mujeres durante el año pasado y, de esas actuaciones, nacieron 502 niños”, asegura Mª Teresa Segura, presidenta de Adevida. “Muchas de esas mujeres son inmigrantes y con frecuencia sufren problemas de marginación; aquí tratamos de ofrecerles lo que necesitan: una acogida cálida y un apoyo durante el embarazo, que después continúa, facilitándoles alimentos, ropa y juguetes hasta que los niños alcanzan los 6 ó 7 años”.

Normalmente, las mujeres embarazadas que acuden a estos centros de acogida suelen ser remitidas por los servicios sociales municipales, que conocen desde hace años los programas a favor de la mujer de las asociaciones pro vida. “Vienen con un problema grande y con mucho miedo al futuro; no se trata tanto de rechazo familiar como más bien del abandono de su pareja, de la soledad con que se enfrentan a la maternidad; por eso, además de la ayuda material y afectiva, casi siempre les animamos a que eleven su nivel cultural, en cuanto les sea posible, acudiendo a los cursos de promoción social que ofrece el Ayuntamiento de Madrid u otras ONG que también trabajan a favor de la mujer y con las que mantenemos relación”, afirma María Teresa Segura.

Junto a la ayuda inestimable que los centros ofrecen a madres e hijos, la existencia de estos lugares de acogida resulta hoy por hoy crucial para la credibilidad del movimiento pro vida, al que los militantes del aborto achacan una escasa preocupación por los problemas reales de las mujeres, aunque por su parte no ofrezcan más ayuda que la interrupción del embarazo.

Un problema de comunicación

Según Paul Swope, director de marketing de The Caring Foundation (EE.UU) y un experto en campañas de comunicación a favor de la vida, “en los centros de acogida se ofrece a las mujeres que atraviesan este tipo de crisis una asistencia afectiva y práctica, que puede ayudarles a entender que su embarazo no es el final de sus expectativas vitales y a mirar al niño con esperanza” (declaraciones a la revista Crisis, marzo de 1999). Este aspecto de comprensión y asistencia a las mujeres -según Swope- debería pasar a ocupar un lugar prioritario en las estrategias de los defensores de la vida de los distintos países si se quiere ganar terreno, aunque sin dejar de lado totalmente otras actuaciones que se vienen desarrollando en el campo legislativo para la defensa del no nacido.

En su opinión, buena parte de las mujeres que se plantean el aborto “presentan un instinto maternal distorsionado: desean que su hijo sea sano y feliz, pero ven su propia situación tan lejana de la que se requeriría para criarlo así que les parece preferible poner fin a la vida de ese niño en su propio seno”. Sólo ven que la maternidad se convierte en una amenaza para sus estudios -si son muy jóvenes-, sus posibilidades profesionales e incluso su matrimonio, por eso aparentemente el aborto se les presenta como un medio, una ilusión que salvaría su propia vida (ver servicio 37/99).

La necesidad de mejorar la imagen del movimiento a favor de la vida, dando mayor relieve a los logros en la asistencia a las mujeres, también es una de las prioridades de la Federación Española de Asociaciones Pro Vida. “Se nos sigue presentando como los que van contra la ley, la libertad de la mujer o la promoción de sus derechos; es decir, como un movimiento de presión ideológica, cuando en realidad, los datos demuestran la asistencia directa que se presta a la mujer”, asegura Dolores Voltas, médico y secretaria general de la Federación Española de Asociaciones Pro Vida.

“A lo largo de estos años he podido comprobar que, ante una maternidad difícil, una de las cosas que la mujer piensa es que el embarazo rompe sus planes; no piensa en su hijo; en el fondo, falla el mismo concepto de maternidad”, declara Voltas. Junto a la ampliación progresiva de la ayuda que se presta en los centros, los responsables de la Federación ven necesario mejorar la difusión de sus actuaciones y trabajar también -a través de los medios de comunicación- en el refuerzo de sentimientos positivos aceptados universalmente, como el coraje de llevar a término la maternidad o la atracción que despierta un niño en el ámbito familiar. “Conseguir llegar al corazón de las personas, a través de una buena campaña de comunicación, es nuestra asignatura pendiente”. Una estrategia similar a la que propone Swope en Estados Unidos y que, al dirigirse al interior de las personas, no depende de éxitos legislativos, de victorias políticas ni de la colaboración de la prensa para alcanzar al público.

M. Ángeles Burguera