Piensa como un artista

Think Like an Artist

Página 1

Autor: Will Gompertz

Taurus.
Barcelona (2015).
206 págs.
19,90 € (papel) / 8,99 € (digital).
Traducción: Miguel Marqués.

Después de ¿Qué estás mirando?, publicado en 2013 como una introducción no académica al mundo del arte moderno, Will Gompertz, director de Arte de la BBC y ex director de comunicación de la Tate Gallery, hace un recorrido único e irreverente por la historia del arte, echando por tierra cualquier mito o visión romántica de la inspiración artística. Porque los artistas sí que hacen números, pero no suelen hablar de ellos. Gompertz desmitifica la leyenda de Van Gogh, de quien dice que no murió en la indigencia y que emprendió varios negocios con su hermano Theo, que era quien le proporcionaba el dinero para sus proyectos. También de Warhol señala que “dibujaba billetes y luego los cambiaba por billetes de verdad”.

El lector encontrará en este libro una invitación a pensar en otra manera de hacer las cosas al emprender cualquier proyecto. “El poder del artista no es sacar beneficio económico de un momento determinado. El poder del artista es su capacidad de cambiar el mundo”. Los artistas buscan la viabilidad económica, no en sí misma, sino como medio para poder dar rienda suelta a su creatividad, a su búsqueda, a la misión que ellos sienten que les ha sido encomendada. ¿Por qué no aprovechar esa tenacidad o espíritu en beneficio de cualquier proyecto? De lo expuesto por Gompertz podría deducirse que aquellas personas o instituciones que fomenten su familiaridad con la manera de pensar y el modo de trabajar de los artistas tendrán mucho ganado en un mundo en el que prima la innovación constante.

Cuenta también el autor que los centros artísticos más conocidos de la historia, como Venecia, Amsterdam o Nueva York eran al mismo tiempo grandes centros comerciales de importancia mundial. Artistas como Rubens fueron grandes hombres de negocios que dejaban trabajando a sus discípulos en sus estudios mientras ellos visitaban las cortes reales para estudiar las últimas tendencias y no quedarse a la zaga.

Se nos ha impuesto la idea de que el trabajo de los artistas es un oficio que no tiene los pies en el suelo, pero precisamente tener bien asentada la pisada es lo que les proporciona tiempo y libertad para poder trabajar en su arte. “Hablar de un ‘artista empresario’ no es un oxímoron. Para tener éxito creando es necesaria cierta visión empresarial”. Pero como todo emprendedor, el artista ha de dar con la idea que lo encumbre.

Quizá uno de los ejemplos más ilustrativos que propone Gompertz es el de Theaster Gates, ganador de la última edición del premio Artes Mundi, dotado con 40.000 libras. Gates tenía como hobby la alfarería, y un día decidió montar una exposición en el Hyde Park Center de Chicago. Eso sí, con una peculiaridad. No presentó la obra como suya, sino que la atribuyó a un legendario alfarero oriental llamado Shoji Yamaguchi que no existía y sobre el que inventó una elaborada biografía. Al público le gustó mucho la exposición, pero aquello no fue nada cuando se reveló que todo había sido un montaje. El mundo del arte encumbró a Theaster: había nacido un artista conceptual y forjador de mitos. Pero lo que había conseguido sobre todo era tener el coraje de arriesgar por vencer los prejuicios de su barrio y dar a entender a la gente que la obra de un hombre de mediana edad y de raza negra que vivía en su mismo barrio era capaz de sorprenderles.

Es verdad que la mayoría de los ejemplos que ilustran las teorías de Gompertz son contemporáneos: Warhol, Lichtenstein, Theaster Gates, Bridget Riley, Luc Tuymans, Peter Doig, etc. Resulta comprensible, porque el artista en la actualidad rara vez subsiste si no logra el éxito. Es lógico también que el autor acuda a ejemplos de publicistas como D. Ogilvy: “Si no vende, no es creativo”. La creatividad más reconocida en la sociedad de consumo en la que vivimos inmersos ha sido enarbolada casi en exclusiva por las agencias de publicidad.


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