La mujer del pelo rojo

Kirmizi Saçli Kadin

Página 1

Autor: Orhan Pamuk

Literatura Random House.
Barcelona (2018).
288 págs.
20,80 € (papel) / 10,99 € (digital).

Traducción: Pablo Moreno.

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La mujer del pelo rojo, la reciente novela de Orhan Pamuk (Estambul, 1952), premio Nobel de Literatura 2006, se desarrolla en las afueras de Estambul, en un pueblo miserable llamado Öngören. El protagonista es un niño, Cem Bey, hijo de un farmacéutico de ideas marxistas que pasó unos meses encarcelado y más adelante abandonó el hogar familiar. A Cem le falta en su infancia un referente paterno, lo que quizás es más grave en un país en el que la mujer apenas cuenta. Cuando comienza a trabajar como ayudante de pocero con Mahmut Usta, encuentra en él el brazo fuerte y cariñoso que le había faltado. Con dieciséis años, Cem conoce casualmente a una mujer de pelo rojo, casada y que aparenta treinta y pocos años, de la que se enamora. Poco a poco crece en él una pasión que le lleva a su primera relación, descrita sin excesivos detalles. Más adelante, al saber con quién más había tenido ella relación, se desencadenarán trágicos acontecimientos.

El relato lo hace Cem en primera persona y plasma sus sentimientos de niño y luego los de adolescente y hombre maduro. Solo en el último capítulo toma la palabra la propia “mujer del pelo rojo”, que aclara puntos oscuros y finaliza el relato.

Pamuk mantiene la tensión narrativa con una acción rica en sucesos que va graduando en un creciente clímax. Pero no es una novela banal, y los hechos que relata hablan de algo más profundo. No describe aventuras, sino que plantea la dificultad de educar a un niño sin el padre, la fuerza de las pasiones y la fatalidad del destino que a veces parece inexorable. Hasta el pozo que excava Cem simboliza de algún modo una exploración de lo más profundo de la mente humana.

Sobre todo, la novela plantea la fuerza vital de la paternidad, tanto en el progenitor como en el hijo. La tragedia de Edipo y la leyenda oriental del mismo tema son el leitmotiv de una novela que, según el autor, no quiere ser moralizante, aunque induce al lector a plantearse los problemas éticos de la existencia. Además, para Pamuk, “la función de la literatura no es sermonear, sino bajar hasta lo más profundo y adentrarse en la oscuridad”, como se puede apreciar en otras obras del autor como Me llamo Rojo, Nieve, La casa del silencio o El Museo de la Inocencia.


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