Durante una década (2002-2012), Nick Davies, periodista de The Guardian, siguió la pista de las escuchas telefónicas ilegales de News of the World, el tabloide de Rupert Murdoch. En paralelo, el inspector Dave Cook reabre el asesinato del detective privado Daniel Morgan, uno de los casos más investigados de la historia de la Policía Metropolitana de Londres. Las dos historias son reales y, poco a poco, acaban tocándose.
La serie maneja muchos nombres, cargos y tramas a la vez, así que es fácil perderse. Para evitarlo, el prestigioso creador Jack Thorne (El señor de las moscas, Adolescencia) echa mano de un recurso que aquí funciona especialmente bien. David Tennant rompe la cuarta pared y se dirige al espectador para aclarar quién es quién, qué está en juego o por qué las cabeceras que aparecen en pantalla no son las reales. Puede que no convenza a todos, pero en un relato tan denso se agradece.
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En algún momento, la serie desconcierta. Cambia de piel sin previo aviso y uno llega a preguntarse si sigue viendo lo mismo. Es un efecto buscado por Thorne, y lo consigue de pleno: la apuesta cobra sentido a medida que las piezas encajan.
Cada línea tiene además su propio registro: la periodística es ágil e irónica; la policial, sombría. El contraste no siempre está equilibrado, pero contribuye a mantener al espectador alerta. La historia, en sí, avanza despacio; son los cambios de rumbo y el caudal de información los que exigen tanta atención que apenas da tiempo a notarlo.
David Tennant (Broadchurch), que fue él mismo víctima de las escuchas, da a Davies una mezcla de terquedad y encanto con la que logra sonsacar a cualquiera. Robert Carlyle (Yesterday) aporta gravedad a Cook, y Toby Jones (Mr. Bates contra Correos), como el director de The Guardian, Alan Rusbridger, forma con Tennant una pareja cómplice que aligera la tensión. Rose Leslie, Eve Myles o Steve Pemberton completan un elenco sin fisuras.
Más allá del suspense, The Hack invita a pensar en cómo el afán de unos pocos por acumular poder arrastra consigo la ética del periodismo, de la policía y de la política. Quien se dedique a la información la sentirá especialmente cercana, pero cualquiera puede engancharse a ella precisamente porque ocurrió. Deja, eso sí, una incomodidad difícil de sacudirse: casi cuarenta años después, nadie ha respondido por la muerte de Daniel Morgan. Frente a eso, la serie reivindica a quienes, desde una redacción o una comisaría, se negaron a mirar hacia otro lado.