Rumena Buzarovska nació en 1981 en Skopie, la capital de Macedonia. Hasta ahora, había publicado dos originales libros de relatos, No voy a ninguna parte (2013) y Mi marido (2014), publicados los dos también en Impedimenta. Toni es su primera novela, en la que vuelve a brillar, como en sus relatos, la capacidad que tiene la autora para la radiografía social.
Toni es un antiguo rockero que ahora trabaja de funcionario en la televisión estatal. Ronda los cincuenta, aunque él siga pensando y actuando como un joven treintañero. Tiene varias experiencias negativas con sus anteriores relaciones de pareja, con una hija a la que no ve y un hijo pequeño con el que se va a pasar unos días de vacaciones a Grecia con su nueva amante, Tamara, como se cuenta en el principio de la novela. Todo transcurre durante la pandemia del covid.
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La novela está escrita de manera muy original, pues se centra en pocas escenas que se desarrollan casi de una manera teatral, con muchos diálogos que ayudan a conocer mucho más de cerca a los protagonistas. La primera transcurre en esas vacaciones, desastrosas, donde ya queda bien claro que Toni es una persona incapaz de asumir sus responsabilidades, pues deja en manos de Tamara todo lo que tiene que ver con la atención a su hijo pequeño, mientras él se dedica de manera egoísta a beber y a intentar ligar con unas turistas en una cervecería de la costa. Las vacaciones acaban en tragedia, que Toni lleva más como una inesperada molestia que como la consecuencia de su egoísmo radical.
Otras escenas transcurren con sus amigos de toda la vida; en la casa de su madre, que le revela algunos asuntos familiares de trascendencia que tienen que ver con las infidelidades de su padre, a quien Toni tiene como modelo moral de su vida. Luego se cuenta la relación con Milena, la asistencia a una fiesta con las amigas de ella y el posterior desenlace, previsible y quizás lo menos trabajado y valioso de la novela, pues parece más bien un ajuste de cuentas.
Siempre le ha gustado a Toni guiarse por una cita del dalái lama: “Si no te quieres a ti mismo, tampoco puedes querer a los demás”. Toni sigue a rajatabla esta máxima, aunque solo la primera parte. Conecta esta cita con los consejos que le dio su padre, ya fallecido, que van en la misma dirección; su padre le solía animas a que “siempre debo pensar primero en mí mismo y en mis intereses” y que es mejor “no preocuparse por algo antes de tiempo”.
Su vida está hecha en torno a estos parámetros morales y vitales. Para Toni, solo existe él, su placer, sus necesidades, sus caprichos. Siempre ha sido así, como le recuerda su madre en una clarividente conversación que mantienen en la habitación de su madre enferma.
Buzarovska desarrolla al máximo el perfil de Toni, un seductor en su juventud (aunque sigue manteniendo los mismos comportamientos patéticos), narcisista consumado y machista sin escrúpulos. En las relaciones que tiene con las mujeres, llama la atención la ingenuidad de algunas de ellas, que se sienten atraídas por esa sobredosis de masculinidad que Toni suele derrochar de manera calculada. Pero se trata de una táctica que oculta un comportamiento tóxico y corrosivo. Personajes como Toni abundan en todos los países y culturas.
Con sus momentos de descacharrante humor, la novela es una sátira ácida sobre un modelo de personaje masculino muy bien descrito y abordado, muy real y universal. Al condensar en un solo personaje tantos rasgos negativos, que proceden de una detallista observación social, la novela tiene algo de caricatura, pues llega un momento en que las reacciones de Toni resultan, literariamente, previsibles. En consonancia con la capacidad que tiene la autora para reflejar ciertos comportamientos sociales, aunque sean estereotipados, hay que destacar el eficaz y coloquial manejo del lenguaje y el dinamismo narrativo que aportan los fluidos diálogos.
El personaje de Toni encarna la vacía vanidad de aquellas personas que solo se tienen a sí mismos como referentes, donde lo único que les importa es la búsqueda del placer, los procesos de seducción y el recurso reiterativo a la mentira para explotar su ególatra imagen.