Se les ve sentados en el parque, charlando entre ellos, con sus bastones o en silla de ruedas… Se adivina que, con toda probabilidad, algunos de ellos viven solos, en la indeseada soledad del que perdió a su esposa o esposo y no tiene hacia quién girarse en medio de la noche para contarle un chiste o un percance. Solos, sí, pero con algunas seguridades, como una holgada pensión y un piso seguro, pagado hace años. El desahucio no es un riesgo, por lo que –al menos– morirán en su cama.
No es siempre el caso: en toda la Unión Europea, se calcula en 1,4 millones las personas que no disponen de un sitio donde vivir con seguridad y de modo estable, y que de ellas, unas 170.000 son personas mayores de 65 años, según refleja el undécimo informe “Pa…
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