José Mota: “Prefiero perder alguna carcajada antes que agredir a nadie; no me gusta”

publicado
DURACIÓN LECTURA: 19min.

He quedado a conversar con un vecino de Montiel. No, no: el hombre vive en Madrid hace mucho tiempo, pero en aquel apacible pueblo manchego tiene hundidas unas raíces gruesas, fuertes, vivas… Unas que no le permiten –ni él lo quiere– olvidar al niño que abrió los ojos allí hace poco más de 60 años.

Tengo enfrente al humorista José Mota, una buena persona en el sentido machadiano, si es que hay otro posible. Un tipo llano, que llega puntual, con una sonrisa; me aprieta la mano, y, como ya sabe que soy de Cuba, se interesa antes que nada por mi tierra: “¿Cuánto tiempo dura ya ese secuestro? ¿Tanto? Eso no puede ser, macho. He visto imágenes y me da una pena… El pueblo cubano se merece, como cualquier otro pueblo, gozar de un bienestar”.

Se lo agradezco, como seguramente muchos de mis compatriotas, y nos sentamos –“un agua con gas, por favor, ¿y para ti? Perfecto: una manzanilla…”– para entrar pronto al lío, que a este señor no le sobra el tiempo. Hablamos de un buen amigo mutuo, y de un actor cubano que se hizo un nombre en España y hoy vive en Miami, y de aquel otro que…. Yo, mientras avanzamos y lo escucho, voy apartando cortésmente a la tropa de personajes que me envía la memoria: una vieja roñosa y cotilla, un aldeano impertinente, un “premonitorio” Papa americano… ¡Apártense un momento, que vengo a conversar con Mota!

Con el actor, sí, pero también con el cineasta: el humorista hace su debut como director en pantalla grande con un filme que se estrenará el 16 de octubre: Arriba Tutto, la historia de Michi, un niño de 7 años, cuyo padre, artista ambulante, quiere que aprenda a ver siempre el lado bueno de la vida. La muerte del progenitor trunca ese deseo, y el chico entra en una espiral de amargura de la que no escapará hasta su juventud, ya en los años de la Guerra Civil, cuando el reencuentro con un primer amor de infancia le ayude a cambiar el chip radicalmente.

Cuéntanos un poco, José, cómo nace esta historia en tu cabeza, de dónde bebe…

Arriba Tutto surge de la imperiosa necesidad devolver al espectador lo que el espectador me ha dado durante tantísimo tiempo, canalizando su cariño y el afecto que he recibido a través de esa realidad tan hermosa que es la comedia. La comedia es un parapeto, un escudo en mi vida, el lugar donde me siento inmensamente seguro y más libre. Cuando tú ríes, disfrutas, eres feliz; no tienes ataduras, no tienes miedo. Por eso es tan importante. Y por eso Arriba Tutto, que pretende poner voz alta a la importancia del humor para la existencia del ser humano.

— En una entrevista reciente hablabas del argumento de la película y de situaciones muy hilarantes (como la del protagonista fingiendo que habla italiano), y yo le veía puntos de contacto con la historia de Roberto Benigni en La vida es bella: un niño, la guerra, la comedia, el humor…

— La película tiene influencia del cine que más me ha podido inspirar. Empezando por Ser o no ser, de Ernst Lubitsch; por Viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez. Tiene, de La vida es bella, lo hermoso de que, cuando una gota de humor cae en la arena de la vida, ese lugar, esa playa, se vuelve un lugar mejor, más habitable. No deja de ser la intención de mi película, que es una declaración de amor, un verso a la vida, como lo es la película de Benigni. Si en su película es el adulto el que salva del infierno al más frágil, a un niño, una de las cosas que yo planteo en Arriba Tutto es que quien nos puede salvar del horror es el niño que fuimos.

“Tenemos esa misión: utilizar esta preciosidad de oficio que es dedicarnos a la comedia para que el mundo sea un lugar mejor”

Hay un cartel de la peli en que, como coprotagonista, aparezco junto a un niño, interpretado por Pablo Cabello, que es una joya. Soy yo a su edad. Soy ambos: mi pureza infantil, encarnada en él, y el adulto contaminado con inseguridades, con miedos, herido en su recorrido por la vida. El niño que ha sido acude a su rescate para devolverle la esencia de la persona que un día fue y para cumplir ambos lo que le prometieron a papá: ser caballeros de la comedia, incluso en medio de la guerra, para dar sentido a la vida.

Además de director, Mota es el coprotagonista de “Arriba Tutto” (fotograma: Filmaffinity)

El padre de este niño, José Romero (interpretado por Karra Elejalde), es un cómico de la legua, un maravilloso loco que cree en la utopía de que la comedia puede ser la herramienta de Don Quijote de la Mancha, que ayuda a “desfacer entuertos” y sobre todo a unir a diferentes. Cree que la comedia es el camino más corto entre dos personas, y toda esa belleza con la que él mira el mundo se la transmite al niño, que, fascinado, ve la realidad a través de los ojos de su papá. Cuando lo pierde, se le rompe el mundo. Se hace mayor y vive en la oscuridad, pero luego el niño va a rescatarlo del horror y a devolverle su identidad. Esta es la peli.

¿Cómo te ha sido dirigir a Pablo, a Karra, a Olivia Molina, a Diego Anido…?

— Maravilloso. He tenido muchísima suerte, Luis, con todos los actores, porque se leyeron el guion y les fascinó. Creyeron en la historia, y eso es fundamental a la hora de hacer una película, porque medio trabajo lo tienes hecho ya por adelantado. No es lo mismo hacer una película por encargo que poner tu alma encima de la mesa en un proyecto en el que crees.

Yo, al igual que el padre del niño, pienso que la comedia podría ayudar a “desfacer entuertos”. Escribiéndola, sentía exactamente eso: “Si puedo poner unos granitos de arena en este mundo tan crispado, donde el odio campa a sus anchas…”. Porque siempre lo digo, medio en broma: lo único que viaja más rápido que la luz es el odio. Está comprobado. Por eso, un buen día me pregunté qué hacer para dejar una flor encima de la mesa de la vida recorrida.

De eso también habla el padre, que le hace un truco al chico: finge que le disparan una bala, y entonces toma el casquillo, hace “magia” en su mano y saca una flor. El padre transforma el odio en belleza a través de esa metáfora visual. Me parece que tenemos esa misión: utilizar esta preciosidad de oficio que es dedicarnos a la comedia para que el mundo sea un lugar mejor.

Qué decirte. Yo me encuentro feliz, feliz con la película. He entregado todo mi amor, y veo que me devuelve muchas cosas bonitas.

— “Teatro Montiel” se llama el retablo de José Romero. No es casual, por supuesto.

— Montiel es mi pueblo, y de alguna manera José Romero es mi padre, que no era cómico profesional, pero tenía alma de cómico, de contador de historias. Escribía muy buena poesía, era un escritor maravilloso, y fue él quien me inculcó –al igual que el padre al niño en la película – el amor por la lectura, por la belleza literaria.

Yo eso lo bebí de mi padre, y de ahí “Teatro Montiel”. Montiel es mi sitio, donde yo he nacido, donde siento el cariño de la gente, donde descansamos yo y el niño que fui. Cada vez que voy allí, aquel niño me espera siempre, sentado en la casa de mis padres. Y de vez en cuando me pasa cuentas. Me dice: “Vale, sí, has conseguido esto, pero ¿cuánta piel te has dejado? ¿Merece la pena?”. Tener esas cuentas y ese careo con el niño que uno ha sido me parece que es muy saludable, porque nos permite seguir viviendo con dignidad, con mucha dignidad.

— ¿Hay personajes o vivencias de Montiel en tu obra personal?

— ¡Claro, hombre! Yo he tenido la gran fortuna de nacer en un lugar pequeño. Si eres una persona sensible, los lugares pequeños te dejan escuchar cosas que las grandes ciudades no te permiten oír. Percibes cosas muy hermosas, y lo ves todo radiografiado. Incluso cuando yo proyectaba hacer lo que ahora estoy haciendo, lo hacía desde Montiel.

Para mí ha sido un regalo de Dios haber nacido allí. No lo cambio por nada. Como tampoco cambiaría a los padres que he tenido, que me han transmitido una inmensa riqueza en valores. Yo vengo de una familia modesta, normal. De hecho, en el grupo de amigos, yo era el niño que menos dinero llevaba los domingos. Pero siempre tuve la conciencia de que me había tocado un sitio excelente, tanto en familia como en lugar.

— ¿Están estos valores familiares presentes en tu día a día, en tu desempeño profesional, en tu concepción moral de la vida?

— ¡Todos, todos! Mira, tengo la suerte de que toda mi familia trabaja conmigo en mi productora, por lo que  paso muchísimo tiempo con ellos. Yo no me hubiera proyectado de la misma manera sin la toma de tierra que me ofrecen mis hermanas y la que me ofrecieron mis padres en todo el tiempo que compartimos mientras vivieron. Sin ellos hubiera sido absolutamente distinto. Ellos han sido mis cimientos y mi baluarte. Totalmente, vamos.

— ¿Cuántas hermanas tienes?

— Tres. Y tuve un hermano que falleció en el parto, al parecer por un accidente en el procedimiento.

Mis hermanas son el recordatorio permanente de mi identidad. Es muy saludable tener la toma de tierra de quién fuiste y quién eres, para no caer en la trampa de vivir una vida en un forro, en una envoltura que no te corresponde. En ese sentido, es perfecto. Además, ellas llevan mis cosas, mi agenda. Se ocupan de todo lo que conlleva la producción, y yo, de la parte creativa.

— Hablemos de tu humor, José, que es muy español. De las primeras cosas tuyas que vi, recuerdo escenas y personajes rurales, muy de La Mancha…

— Sí, pero si analizas, por ejemplo, a la Vieja’l visillo, las ideas troncales de este personaje cómico son perfectamente trasladables a cualquier sitio del mundo. ¿Qué es la Vieja’l visillo? Una persona que muere por la curiosidad, por asomarse a las vidas de los demás, por hablar de ellos. Gente que vive en su mundo totalmente cerrado y que se proyecta a través de las vidas de los demás: “Este está liado con esta; aquel está con aquella otra…”.

La Vieja’l visillo (foto: JoseMota.com)

Lo que he pretendido siempre es poder retratar miserias y virtudes humanas a través de la comedia y de mis personajes, y es lo que me ha podido dar más satisfacción. Esto, más que hacer parodias de gente conocida, que están bien, pero que a mí…

Yo disfruto realmente con creaciones mías propias. De hecho, cuando hago una imitación de algún personaje conocido, no me gustan las imitaciones “clavadas”, “exactas”. Te diré algo muy curioso: jamás me pongo un vídeo para hacer una imitación, sino que imito por el recuerdo de lo que he consumido.

En ese sentido, me gusta más el impresionismo. Me quedo más con Goya, que fue un poco el creador del impresionismo: prefiero dar tres brochazos y que la gente lo vea y diga: “¡Jolín, es verdad; qué juego!”. Me parece muy interesante.

— Mencionas a la Vieja’l Visillo y a Goya, y me he acordado de aquella pintura negra: la de dos viejos de rostro demacrado, comiendo y sonriendo con algo de cinismo…

— La Vieja’l visillo pertenece a la España de La Casa de Bernarda Alba, de Lorca. A esa España, a toda esa pintura negra de Goya… Hay muchos personajes que he compuesto para, a través de ellos, intentar vehiculizar y contar virtudes y miserias. Porque, ¿de qué nos reímos? De las miserias propias, pero vistas en otro. No es lo mismo que te digan: “Tú eres así”, que hacerlo con una recreación; con una que, de entrada, no te retrate a ti, aunque tú en silencio digas: “Es verdad, soy así”. Esa es una manera de sanarnos.

— Como te has recorrido toda España, te pregunto: ¿dónde percibes que hay mejor humor? ¿Dónde se ríe la gente con más facilidad?

— Es una pregunta complicada de responder; difícil. A ver: Galicia tiene mucha retranca; a mí me encanta el humor gallego. Pero, como manchego, el humor de mi tierra me vuelve loco, porque tiene mucha crudeza, mucha ironía, mucho cinismo. También hay mucho talento en el humor andaluz… Hay mucha diversidad en España. Es un país con mucho “pozo petrolífero cómico” a explotar. Somos un país de contrastes; de maravillosas luces y de sombras.

— Miremos fuera ahora, a los humores extranjeros. Si tuvieras que decantarte por uno, ¿cuál te llamaría más la atención?

— Es que tendríamos que empezar por los inicios del cine; por Buster Keaton. Hay un documental que ilustra su grandeza: El gran Buster (2018), de dos horas y media; impresionante. Están también Chaplin, Harold Lloyd, todos los que empezaron…

Y luego siento verdadera fascinación, lo reconozco, por el humor inglés. Me encanta. Aquellos años de Monty Python… Ellos quedaron como los Beatles del humor. Y después de los Monty, Rowan Atkinson me parece el gran fenómeno. Ese tío con su Mr. Bean, en su momento, me pareció la magia total.

“Me siento feliz por estar cada día más cerca de Jesús. Él es el centro de mi existencia”

— ¿Y Les Luthiers? ¿Los conociste? ¿Trabajaron juntos en algún proyecto…?

— Fueron maravillosos. He tenido la suerte de disfrutarlos muchísimo tiempo, y en el rodaje de Torrente 3 llegué a conocer a Marcos Mundstock, que ya murió. Más allá de eso no; no tuve más relación. Pero siento fascinación. Les Luthiers es la belleza del humor, de la comedia absoluta.

— Te comparto una percepción personal: observo que en el humor en los medios de difusión a veces se cuela lo zafio, lo grosero, lo directamente ofensivo. Afortunadamente, hay humoristas españoles con los que eso no pasa. Hace unos días veía un sketch tuyo en que un actor interpretaba a Jesús –que aparecía súbitamente cada vez que estornudabas y tu compañera exclamaba “¡Jesús!”–, y yo me decía: “Lo puedo ver descansadamente hasta el final, porque sé que no va a haber nada desagradable, ningún ataque”.

— Mira, mi humor, el humor con el que sintonizo, es aquel con el que siento que estoy construyendo, siempre construyendo. Aunque sea criticando, aun haciendo una crítica social, que es uno de los deberes y necesidades que tiene la comedia. El humorista tiene la necesidad y la obligación de hacer una radiografía del entorno y del momento en que vive, y eso puede incluir la crítica, pero no destructiva. Una crítica puede ser constructiva siempre.

Por otra parte, sobre el ejemplo que mencionas, te digo: yo te tenido mis baches, mis momentos de búsqueda interior y también de agnosticismo y tal. Pero me siento feliz por estar cada día más cerca de Jesús. Jesús, es, te diría, el centro de mi existencia. No diría ninguna zafiedad. Lo único que me sale es amor.

El Cansino Histórico en un sketch sobre Van Gogh, interpretado por Pablo Motos (foto: JoseMota.com)

— Entre tus sketches más curiosos y divertidos están los de El Cansino Histórico: el protagonista se tropieza con Van Gogh, con Isabel la Católica, con personajes de la historia, del arte universal… Pero para poder disfrutar de esas escenas, el espectador necesita referentes. ¿Te parece que este humor puede ir a menos por el cada vez menor interés que se observa respecto a la historia, a las humanidades en general…?

— Yo soy un fanático de la historia: a mí me encanta. Quiero pensar que no hay menos interés; si eso fuera así, me daría mucha pena, porque creo que una persona vive con una profundidad y un sentido de la vida mucho más completo cuantas más raíces tenga. Cultivar cierto amor a la tradición, a todas aquellas cosas hermosas que nos han legado, hará que tu árbol tenga más raíz y que, cuando venga el viento, no lo tumbe.

— La vanidad puede asaltar a todo el que gana aceptación del público. ¿Te la has encontrado por el camino? ¿Cómo has lidiado con ella?

— Esto lo enlazo con algo que ya hemos hablado: con lo importantes que han sido mis padres para mí; con el maravilloso amor que me dieron. El amor no solamente te edifica: es que te ubica. Te da identidad, te da un sitio, un saber quién eres, y no tiene que venir otro de fuera, un tercero, a decírtelo.

Yo puedo volar tan alto como quiera soñar, pero nunca voy a soltar la cordada que me ata con Montiel. Nunca. Porque entonces sería un pobre ser humano. Me parece que el espíritu hay que cuidarlo y hay que darle de comer adecuadamente. Alimentar el ego, el “yo-yo-yo”, es matar de hambre el alma humana. Porque luego todo es nada.

No, no quiero esa vanidad. En el camino en el que estoy consiguiendo cosas, edificando, quiero sentir que estoy haciendo algo que me compromete con la sociedad en la que vivo.

— ¿Te has sentido en algún momento coartado al tratar ciertos temas y representar a determinadas figuras? ¿Te has visto ante la tentación de hacer concesiones o darles un rodeo a tus intenciones originales para poder sacar adelante un proyecto? 

— No, no. Yo he tenido la suerte de que en Televisión Española siempre, siempre, a lo largo de todos los años en que he estado, he trabajado con plena libertad; es la verdad. Lo que me planteo son preocupaciones a título personal. Por ejemplo: ¿esta parodia que estoy haciendo le puede molestar personalmente a alguien? ¿Estoy dañando el honor de esa persona, entrando a un sitio en el que creo que no debería? Eso es lo único que me planteo. Y cuando me digo: “No lo hagas”, es por respeto; por un código mío personal, pero no por miedo.

—Y alguna vez, a pesar de tu buena intención, ¿alguien se ha sentido aludido para mal? ¿Ha ocurrido?

— Que yo sepa, no. Que no sepa, sí (ríe).

— “¿Pero y si no?”

— Que yo sepa, no. “Pero ¿y si sí? ¿Y si sí?”. No, que yo sepa. Imagino que a lo mejor haya alguien, pues uno no lo controla todo al cien por cien. Pero intento que no. Te digo una cosa: prefiero perder alguna carcajada antes que agredir a nadie. No me gusta. Es que yo iba a ver a Gila, y Gila no agredía a nadie. Y era un genio. Entonces…

— ¿Y te han llegado alguna vez críticas desde el ámbito político?

— No. Al contrario: de las parodias que he hecho de políticos siempre me ha llegado buen rollo. Hace mucho tiempo hice una de Alfredo Pérez Rubalcaba, y de su equipo contactaron conmigo para decirme que les había hecho mucha gracia. Y también otra de la entonces vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Ya te digo, trato de no socavar el honor de la gente. De nadie. No me gusta.

— Tus sketches en redes acumulan miles y miles de visualizaciones. ¿Cómo te estás manejando en ese ámbito? ¿En qué medida han contribuido a tu trabajo? 

— Pues mira, esos sketches han tenido y están teniendo una segunda larga vida, porque todo eso se emitió por televisión en su momento. Siempre he hecho cosas que tienen que ver con la época en que vivimos: el desempleo, la crisis de vivienda, cosas sociales muchas de ellas. Y luego han venido las redes sociales, y un montón de gente que no había visto ese material ve de repente que está al alcance nuevamente… Mi sobrino, que es quien me lleva las redes y ha creado mi TikTok (que tiene un montón de seguidores), va de vez en cuando y coloca las piezas, las fragmenta, las posiciona… Ha hecho una labor impagable, y le estoy muy agradecido.

— Te pregunto si has llegado a sentirte abrumado. Si el público que te encuentras en diversos sitios diferencia entre el actor y el ciudadano común, el transeúnte, el comensal… ¿Cómo salvas la privacidad?

— Yo es que vivo esto con muchísima normalidad, que es como hay que verlo, ¿no? A veces magnificamos sobremanera lo que tiene que ver con el “soy popular”. A ver: eres una persona que tiene la suerte de ser conocido por un trabajo por el que, encima, la gente te premia. ¡Caramba, vívelo desde el agradecimiento! Eso no puede servir para hacerte volar la cabeza y decir: “¡No, yo es que no…!”. ¿Qué habita dentro de ti entonces? Por eso te hablaba antes del peligro del ego. El “yo-yo-yo”. Todo lo que tiene que ver con el yo me interesa en su justa medida. O sea, claro que tenemos que cuidarnos. El yo hay que cuidarlo. Pero el nosotros me parece socialmente mucho más interesante. Y creo que con él llegamos a sitios más lejanos.

— Casi para terminar: después del estreno de la película, nos enfocamos en lo próximo, en el Especial de Fin de Año en TVE. ¿Ya está en preparación?

— En este momento estoy dándole vueltas  a qué hacer. Supongo que seguiré planteando un despliegue de todo lo que ha significado el año. Eso es lo que haré… La gente quiere reír esa noche, y quiere reír con iconos visuales que le resuenen. Entonces tampoco me quiero poner a hacer de repente Hamlet. No, no toca. Toca disfrutar desde la comedia.

— Por último, José, ¿con qué imagen deseas que se quede la gente cuando le mencionen “José Mota”?

— ¡De momento con na’ [ríe], porque si Dios quiere, seguiremos caminando mucho tiempo!

— Vamos, que te vas a morir, “pero hoy no…”

— ¡Ni “mañaaana”! ¿Cómo quiero que me vea la gente? Como una buena persona. Como alguien bueno que trató de utilizar su trabajo para hacer el bien. Eso es lo que quiero que se perciba, y es lo que trato de hacer. Nada más.

 

Si has llegado hasta aquí, es que valoras el periodismo de análisis. Suscríbete para acceder a todos nuestros artículos.

Contenido exclusivo para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Funcionalidad exclusiva para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta para poder comentar. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.