Hay viajes que nacen de la necesidad de huir y otros que se recorren para hallar respuestas a preguntas difíciles en el propio camino. A 500 millas de casa se inscribe dentro de esta segunda categoría. Morgan Matthews (El regreso de los niños del ferrocarril) firma una delicada y emotiva road movie en la que dos hermanos atraviesan Inglaterra para llegar a Dingle (Irlanda) y reencontrarse con su abuelo, a quien creen capaz de recomponer una familia al borde de la ruptura. Sin embargo, el trayecto por tierra y mar es también un viaje íntimo de búsqueda de esperanza y reconciliación.
Con un guión que va destapando las heridas de sus personajes y un inesperado punto de inflexión que resignifica el trayecto, el filme brilla por su contención y por una emotividad que se reserva para el desenlace. Asimismo, destaca una espléndida dirección de fotografía que enmarca con sensibilidad los paisajes irlandeses y una banda sonora de raíces folk que envuelve el relato en una atmósfera melancólica y esperanzadora.
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El joven actor Roman Griffin Davis (inolvidable como protagonista de Jojo Rabbit) sostiene la historia con una interpretación que destila autenticidad, mientras que Bill Nighy (Living, Regreso a Hope Gap) aporta una serena humanidad.
El resultado es una bellísima road movie sobre el amor familiar, el duelo y la redención, que conmueve precisamente porque explora cómo las heridas más hondas solo pueden cicatrizar en el camino hacia la aceptación.