La nueva ordenación de obispos por parte de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX) ha sido un “acto cismático”, como lo ha llamado el Papa. A la vez, vuelve a mostrar que en la raíz de la discordia hay cuestiones de fe, no solo de liturgia o de sensibilidad tradicionalista.
En la larga historia del conflicto, los lefebvrianos siempre han mantenido sus posturas de fondo. Tampoco esta vez la FSSPX dio señal alguna de que pudiera anular o siquiera retrasar la ordenación de obispos desde que la anunció en febrero pasado. Más bien, las semanas previas tuvo varias intervenciones para justificar su decisión.
El 14 de mayo, el superior general de la FSSPX, el sacerdote italiano Davide Pagliarani, dirigió a León XIV un manifiesto en el que afirmaba que, durante más de cincuenta años, la Fraternidad había advertido a la Santa Sede de los “graves errores que están destruyendo la fe y la moral católicas”; pero nunca ha recibido “respuesta satisfactoria”, y “las discusiones mantenidas” con Roma no han dado resultado. Y, sin mencionar las ordenaciones proyectadas, presentó al Papa una “Declaración de fe católica” que recogía lo que, según los dirigentes de la FSSPX, constituye el “mínimo indispensable para estar en comunión con la Iglesia [y] llamarnos verdaderamente católicos”.
El 24 de junio siguiente, Pagliarani y los otros cuatro principales dirigentes de la FSSPX publicaron una “Carta abierta a S.S. el Papa León XIV y a los cardenales de la Santa Iglesia”, en vísperas del consistorio extraordinario que se iba a celebrar en el Vaticano. La acompañaban de una “Profesión de fe católica”, mucho más larga y detallada que la Declaración del mes anterior. La proponían, decían en la carta, con la esperanza de que en el futuro “pueda servir de base para una discusión franca con la Santa Sede”. En general, la Profesión es un resumen de la fe, expresada a veces en términos poco usuales hoy, y con insistencia en los asuntos a los que los lefebvrianos dan mayor importancia; pero también contiene afirmaciones problemáticas.
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Concluido el consistorio, el Papa dirigió a Pagliarani una carta para pedirle que suspendiera la ordenación. Primero elogiaba el espíritu litúrgico, la preocupación por la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de ser fieles a la tradición, que distinguen a muchas personas afines a la FSSPX. A continuación, decía: “Les ruego y les pido con todo el corazón: ¡Den marcha atrás!”. La ordenación sería un “acto cismático” y, por ello, “un pecado de extrema gravedad”.
“Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, las autoridades de la Iglesia están imbuidas de un espíritu contrario a la fe y han actuado contra la santa tradición” (Davide Pagliarani, superior general de la FSSPX)
Nueva excomunión
Pero la ordenación tuvo lugar en la fecha prevista, el 1 de julio, en Écône (Suiza), donde tiene su sede la FSSPX. Pagliarani pronunció la homilía. Para justificar la infracción de las normas canónicas, invocó un “estado de necesidad”, como había hecho el arzobispo Marcel Lefebvre, fundador de la FSSPX, en la anterior consagración de obispos sin mandato pontificio, en 1988. La necesidad consiste, dijo, en que “hacen falta obispos plenamente fieles a la santa tradición”. No los hay, según él, porque “desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, las autoridades de la Iglesia están imbuidas de un espíritu contrario a la fe y han actuado contra la santa tradición”.
El acto cismático supone la excomunión automática de los implicados, como declaró el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) en una nota hecha pública el día siguiente. En primer lugar, de los obispos consagrantes, el español Alfonso Galarreta y el suizo Bernard Fellay, anterior superior general. Son los únicos que aún viven de los cuatro ordenados por Lefebvre, y fueron excomulgados entonces. En 2009, Benedicto XVI les levantó la excomunión, y ahora han vuelto a incurrir en ella. La misma sanción cae sobre los cuatro ordenados: dos franceses, un suizo y un estadounidense.
Quedan excomulgados, asimismo, precisó el DDF, todos cuantos se adhieran formalmente al cisma. Están en ese caso Pagliarani, en cuanto superior de la FSSPX y promotor de la ordenación ilícita, junto con los demás sacerdotes de la FSSPX, si siguen ejerciendo el ministerio en el ámbito de la comunidad cismática. Esto supone, como había advertido el Papa en su carta a Pagliarani, que administran los sacramentos de forma ilícita, y aun nula en los casos de la penitencia y del matrimonio, pues es requisito para la validez de ambos que el sacerdote tenga facultades otorgadas por la autoridad legítima. Esto también es una vuelta atrás, ya que el Papa Francisco las había concedido a los sacerdotes de la FSSPX: para oír confesiones, en 2015, y para oficiar matrimonios, en 2017.
En cuanto a los fieles laicos, según la nota aclaratoria de la Santa Sede a propósito de la ordenación de 1988, a la que el DDF remite ahora, la adhesión formal al cisma es más difícil de acreditar, pues la participación en ceremonias litúrgicas o actividades lefebvrianas no necesariamente la demuestra. Depende, dice la nota, de la intención que tengan y de los actos en que la manifiesten.
El 3 de julio, Pagliarani volvió a escribir al Papa, para protestar por la excomunión.
La FSSPX manifiesta “un rechazo de las enseñanzas de Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, la salvación, la libertad religiosa, las relaciones Iglesia-Estado y la relación de la Iglesia con otras religiones” (George Weigel)
Cuestiones de fe
Los hechos recientes han permitido comprobar de nuevo el fondo doctrinal del conflicto entre la FSSPX y la Santa Sede. Según escribió George Weigel dos semanas antes de la ordenación ilícita, en la “Declaración de fe” del mes anterior “la FSSPX muestra, intencionadamente o no, que no comparte la fe de la Iglesia”. Para él, es claro que la raíz del lefebvrismo no es simplemente la oposición a la liturgia posconciliar, “sino un rechazo de las enseñanzas de Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, la salvación, la libertad religiosa, las relaciones Iglesia-Estado y la relación de la Iglesia con otras religiones”. Weigel pone dos ejemplos extraídos de la Declaración.
En el texto de la FSSPX se lee que “Jesucristo (…) hizo definitivamente caduca la Antigua Alianza”. La “Profesión de fe” posterior abunda en lo mismo. Podría haber distinguido entre las prescripciones rituales (la circuncisión, los antiguos sacrificios) y la ley del Sinaí y las promesas a Israel; pero no lo hace. El caso es que el Catecismo de la Iglesia católica afirma: “La Antigua Alianza no ha sido revocada” (n. 121). Weigel anota que la tesis de la FSSPX contradice a san Pablo (Rm 9, 4 y 11, 28-29) y la constante enseñanza de la Iglesia de que las dos alianzas constituyen una unidad.
Weigel achaca también a la FSSPX “la extrema tergiversación de la vieja máxima extra ecclesiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación)”, cuando dice “todo hombre debe ser miembro de la Iglesia católica para salvar su alma”. Eso, según Weigel, olvida el magisterio anterior, como la encíclica Quanto conficiamur (1863) de Pío IX.
Más claro resulta el asunto en la posterior Profesión de fe, que rechaza –dice– “el falso ecumenismo, fundado en la idea de que el Espíritu Santo no rehusaría servirse de las comunidades separadas como de medios de salvación”. Lo que viene a ser enmendar la plana al decreto Unitatis redintegratio del Vaticano II, donde se afirma: “Aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, (…) el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia” (n. 3).
En cuanto a las relaciones Iglesia-Estado, podríamos añadir, la FSSPX está a un paso de declarar verdad de fe el confesionalismo católico. Según la Profesión, “quienes gobiernan la sociedad deben someterse a la influencia saludable de la Iglesia”, pues “el bien de la sociedad exige (…) que los jefes de Estado reconozcan su derecho y su deber de favorecer y proteger a la santa Iglesia, así como de oponerse, mediante las leyes de su gobierno, a todo aquello que obstaculice su necesaria influencia”. Habría, entonces, que restaurar el pasado: “La Cristiandad no es un simple fenómeno histórico, sino el único orden querido por Dios entre los hombres”, afirma la Declaración del 14 de mayo.
Primacía del Papa
También el Card. Gerhard Müller, exprefecto de Doctrina de la Fe (2012-2017), ha dicho en una entrevista posterior a la ordenación ilícita que “aquí no se puede distinguir entre cisma y herejía”, porque la negación de la primacía del Papa en la práctica, que [los dirigentes lefebvrianos] aceptan en teoría, es una forma práctica de herejía”.
Sobre el aparente contraste entre la severidad de la Santa Sede con la FSSPX y su lenidad con otros, el Card. Müller precisa que “la FSSPX no es castigada por ser ‘ortodoxa’, sino por haber procedido a la ordenación de obispos abandonando la communio con Pedro”
A una pregunta sobre cómo trató el problema de la FSSPX en su etapa de prefecto, el Card. Müller recuerda que los lefebvrianos “giraban en torno a la libertad religiosa”. Y en esa cuestión, “lo que me pareció advertir es que ellos no aceptan que Dios nos deje libertad aun si tenemos conciencia errónea”. Es lo que se intuye en la Profesión de fe donde rechaza el “liberalismo político y religioso” porque “atribuye a cada uno el derecho de actuar públicamente según su conciencia (…), incluso cuando esa conciencia es errónea y se opone al bien común o a la verdadera religión”.
El entrevistador plantea la objeción formulada por quienes ven un contraste entre la severidad que la Santa Sede usa con la FSSPX y la aparente lenidad con los que mantienen transgresiones doctrinales o disciplinares de otro signo. El cardenal precisa que “la FSSPX no es castigada por ser ‘ortodoxa’, sino por haber procedido a la ordenación de obispos abandonando la communio con Pedro, que es una condición necesaria. Un mal no se puede excusar con otro mal”.
Müller reconoce que en el problema tradicionalista hay un malestar motivado. “La razón por la que muchos buscan la misa del rito antiguo es que durante demasiados años han presenciado abusos en la misa en el rito nuevo”. De hecho, los lefebvrianos no son los únicos que han denunciado las desviaciones doctrinales y litúrgicas que se han difundido a raíz del Vaticano II; el propio Pablo VI fue el primero en señalarlas. Pero la FSSPX las atribuye al Concilio mismo y a la Santa Sede, y el Card. Müller puntualiza: “Hay errores en la Iglesia, pero no de la Iglesia”.
Tras la nueva ordenación ilícita de obispos, no se puede dejar de percibir la paradoja al leer en la Declaración de fe: “Solamente el Romano Pontífice, Vicario de Cristo, posee la autoridad suprema sobre toda la Iglesia. Sólo él confiere directamente a los demás miembros de la jerarquía católica la jurisdicción sobre las almas”. Eso es lo que no se ha podido ver en Écône el pasado 1 de julio.
4 Comentarios
Verdaderamente, quien hoy en día sigue sosteniendo la doctrina de los papas del siglo XIX, como hacen los tradicionalistas seguidores de Mons. Lefebvre, no toma una decisión teológica, sino una decisión política. Aboga por un mundo en el que la Iglesia trate de hacer realidad su pretensión de verdad y su misión salvífica, especialmente la disciplina eclesiástica en lo relativo a los bautizados, también con instrumentos político-seculares. A mi parecer una de las grandes obras del Vaticano II fue renunciar a esa concepción político-clerical de la misión de la Iglesia, y ello no solo por razones «tácticas», sino por razones de principio, teológicas (Extracto en LA DOCTRINA DEL CONCILIO SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA – Rhonheimer, Martin)
Oportuna visión, que efectivamente este movimiento es herético. No tiene sentido que desobedezcan esperando ser toque de atención q provoque cambio. Esto no es pretender corregir al papa en tema puntual no sujeto a su declaración y por lo tanto estabilidad, como San Pablo o Catalina de Siena. Es negar su autoridad al refrendar solemnemente un concilio. En qué.quedaría la fe en la Iglesia si las verdades dejan de serlo medio siglo después.
En el libro “dos papas” también sale el tema de este movimiento y cómo parecen pesar presiones de patrocinadores sobre todo de EE.UU.
Muy triste q personas bienintencionadas hayan podido meterse en este berenjenal
Muchas gracias, José María, por su comentario.
Que artículo tan bueno y qué bien lo explica. Me ha gustado mucho esta idea “Hay errores en la Iglesia, pero no de la Iglesia”. Y esta otra, ante una buena pregunta (buena pregunta, buena respuesta): “la FSSPX no es castigada por ser ‘ortodoxa’, sino por haber procedido a la ordenación de obispos abandonando la communio con Pedro, que es una condición necesaria. Un mal no se puede excusar con otro mal”. Qué bien lo ha explicado Müller. Lo malo es que no hemos hecho muy buena pedagogía en redes sociales y la FSSPX ha gestionado muy bien sus mensajes clave en este foro (aunque haya desinformado).