Hay naciones que no consiguen introducirse en el camino de la paz. Es lo que sucede en El Salvador, donde ni siquiera los Acuerdos de Paz de 1992 pusieron fin a la violencia. En el torbellino, en medio de la debilidad de un Estado fallido, emergió poco a poco la figura de Nayib Bukele. Como líder, no puede decirse que posea una determinada ideología; su habilidad ha consistido en aprovechar los resquicios que deja la desesperanza y afianzarse en el poder con recetas que combinan mano dura y cierto esnobismo.
Cierto es que está barriendo a las bandas y que sus índices de aprobación son superiores al de cualquier gobernante de esa parte del mundo. También lo es que, como indica el periodista salvadoreño Óscar Martínez, a base de polémicas y d…
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