Enzo tiene 16 años, aptitud para el dibujo, muy poca para el estudio y un mejorable desempeño como aprendiz de albañil. Su familia –con posibles– hubiera deseado que continuara su educación, pero el joven está en plena maduración y en conflicto con sus padres, con su chica, con sus compañeros de trabajo, con su propia sexualidad…
Precisamente a sus “descubrimientos” en este último aspecto nos va guiando –ya podemos imaginar a dónde– una trama de ritmo algo lento y marcada por los agudos contrastes. De una parte aparece el tranquilo y despreocupado ambiente en que ha nacido y vive el protagonista –una lujosa villa en el Mediterráneo francés–, y de otra, el mundo del trabajo duro, enmarcado en el mismo paisaje idílico de bosque, sol y mar. También hace acto de presencia la desgarradora realidad de la guerra en Ucrania, que comienza a interpelar al chico desde que conoce a dos jóvenes de aquel país con los que trabaja en la misma obra.
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Resulta convincente la actuación de los ya veteranos Élodie Bouchez (En buenas manos, 2019) y Pierfrancesco Favino (El traidor, 2019; El colibrí, 2023), en el papel de unos padres que se esfuerzan sinceramente por desentrañar la urdimbre que envuelve la atormentada psicología adolescente de Enzo, a quien da vida el novel Eloy Pohu. En su primer trabajo en pantalla grande, el joven cumple.
Presentada como “un film de Laurent Cantet”, la película comenzó a rodarse poco después de la muerte del cineasta francés, en 2024, por lo que la batuta quedó en manos de su coterráneo Robin Campillo, con quien aquel ya había trabajado en ocasiones anteriores y compartido lauros por filmes como La clase (2009), premiada a ambos lados del Atlántico.