En la isla de Córcega, los Romani son una institución. Lo son por su enorme y creciente capital económico, y no menos por la disoluta y en ocasiones excéntrica vida de varios de sus miembros. Como explica el narrador, amigo íntimo –y a la vez crítico feroz– de uno de ellos, los integrantes de esta familia están convencidos de que su riqueza les confiere una superioridad moral sobre el “populacho”. Con la llegada del turismo masivo a la isla, los negocios familiares se han concentrado en este sector.
Alexandre, uno de los Romani más jóvenes, ha heredado el talante caprichoso y soberbio de sus ancestros, pero no su inteligencia ni compostura. Humillado en su orgullo por una disputa nimia, apuñala al “ofensor” en plena calle. Partiendo de este…
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