Dos familias se reúnen en Laponia en Navidad para acercar a dos hermanas que llevaban tiempo algo distanciadas. Nada más verse en el aeropuerto surge un conflicto que provoca tensión y debate sobre el modo de educar a los hijos en sus primeros años.
David Serrano mantiene un tono más cercano a Voy a pasármelo bien que al de Días de fútbol, en esta adaptación de Cristina Clemente y Marc Angelet de su obra de teatro homónima. Aunque hay un cierto desequilibrio entre personajes en el que Ángela Cervantes sale ganando claramente a Natalia Verbeke (tanto en guión como en interpretación), este animado debate familiar conjuga los giros chispeantes con un desarrollo dramático que sugiere muchos puntos de interés sobre la madurez afectiva, la comprensión de los que piensan diferente o los límites de los vínculos familiares.
El guión tiene acidez pero también respeto y admiración por cada personaje, en una trama que a veces da la sensación de encallar en el mismo argumento, pero que siempre sabe ofrecer una ruta dramática novedosa. La película acierta plenamente en mostrar la importancia de los pequeños detalles en la educación, y la necesaria reflexión previa de los adultos para tener claras las prioridades que quieren transmitir a los hijos. Este discurso pedagógico se perfila con notas universales de simpatía y afecto, que terminan apostando por el fortalecimiento de la familia y la confianza en el diálogo sobre el monólogo polarizado.