Publicada en 1939, Qué verde era mi valle es la obra más conocida del escritor Richard Llewellyn (1906-1983), londinense de cuna pero galés de corazón. Ambientada en el sur de este país, la novela narra las vicisitudes de una comunidad minera sometida al remolino de la industrialización, y lo hace a través de los ojos de Huw Morgan, quien, ya en la madurez y con el hogar de sus antepasados cercado por la escoria del carbón, rememora su infancia poco antes de abandonar el valle para siempre.
Desde esa perspectiva infantil registra la vida de los suyos con asombro e ingenuidad, a la vez que su conciencia de adulto impregna sus recuerdos de una sombra de nostalgia, como delata el mismo título. Entre lo elegíaco y lo social, este relato de iniciación insiste en que el hombre no debe pedir a la tierra más de lo que esta puede darle, so pena de sucumbir a la desintegración y la diáspora.
En efecto, Llewellyn presenta el carbón como el motor económico de esa cuenca, pero también como un elemento corrosivo que modifica el paisaje, rompe los equilibrios sociales y acelera el declive de la comunidad, tensionada por los abusos del patrón y las reivindicaciones sindicales. No obstante, más allá de las crisis y las tragedias, hay lugar para la esperanza, el reencuentro entre los opuestos y la solidaridad. Lo mejor de Qué verde era mi valle es el retrato que Huw hace de su familia como un refugio de cariño y comprensión.
Llewellyn escribió varias secuelas del libro –la última, en 1975–, pero ninguna alcanzó la fama del original, consolidada por la magnífica adaptación cinematográfica de John Ford en 1941, que ganó cinco premios Óscar.