Desde su publicación en 1970, Un mundo para Julius se convirtió en una de las novelas más importantes de la literatura peruana del siglo XX. Ya en 1972 consiguió el Premio Nacional de Literatura en ese país y, muy pronto, trascendió las fronteras para convertirse en un éxito mundial. Es la mejor obra del recién fallecido Alfredo Bryce Echenique (1939-2026).
Para Julio Ortega, responsable de esta edición crítica en la prestigiosa colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra, “pocas novelas han sido tantas cosas para los lectores: retrato de la clase dominante, crónica del tiempo limeño perdido, denuncia de la ideología de la clase burguesa, novela de educación, autobiografía antiheroica del autor…”. Esta pluralidad de lecturas engrandece las pretensiones estéticas de la obra y hace, además, que su contenido, plenamente anclado en la vida peruana, alcance valores universales.
“Julius nació en un palacio de la avenida Salaberry, frente al antiguo hipódromo de San Felipe; un palacio con cocheras, jardines, piscina, pequeño huerto…”. Pertenece a una familia muy adinerada que tiene ascendencia inglesa. Julius es el cuarto hijo. Por encima tiene a Cinthia y a Santiago y Bobby. La novela abarca de los cinco a los once años de la vida de Julius. Va a los mejores colegios y recibe una educación exquisita, con clases de piano y la habitual asistencia al hipódromo y al club de golf.
Pero Julius no encuentra en su familia apenas detalles de afecto. Al poco de comenzar la novela, fallece su padre, y poco tiempo después, su madre se vuelve a casar con Juan Lucas, un prepotente y clasista hombre de negocios que no muestra por Julius ni el más mínimo interés. Su madre, por otra parte, está tan dedicada a las fiestas y a sus obligaciones sociales, que apenas le dedica tiempo.
Julius, y este es uno de los temas principales de esta novela, encuentra en su trato con la servidumbre el cariño que no ve por ningún lado en su propia familia. De manera muy especial en Vilma, la niñera, personaje que acabará siendo clave en el desarrollo de la novela. Pero también hay que mencionar a las cocineras, Carlos (el chófer), los jardineros y a Flora, la estricta cuidadora de Julius cuando Vilna abandona la casa.
Esos dos mundos, muy bien retratados en la novela, no se relacionan. Y con uno de ellos, el adinerado y burguás que representan Susan, la madre, y Juan Lucas, el padrastro, realiza Bryce Echenique un ajuste de cuentas, censurando su falta de empatía, su egoísmo y el desdén por la gente de condición modesta. Es un mundo que el autor conocía muy bien, pues él mismo se educó en aquellos colegios y frecuentó los lugares exclusivos que salen en la novela. La mirada crítica que tiene sobre esta sociedad será una constante en sus libros.
Pero en el caso de Bryce Echenique hay que contar siempre con el humor, que rebaja estas pretensiones de denuncia. Es un rasgo muy suyo y muy especial, que aparece en el resto de su producción (por ejemplo, en La vida exagerada de Martín Romaña hay momentos irrepetibles). Esta característica, que se aprecia especialmente en la desmesurada y caricaturesca descripción de muchos personajes, se traslada a su prosa, elegante y desenfadada, alejada de la gravedad de otros escritores a los que también, como al escritor peruano, se les incluye dentro del boom de la narrativa hispanoamericana.
Y otro rasgo que merece destacarse es el tratamiento del lenguaje. Bryce adapta su estilo a los dos mundos que se alternan en la novela, el de la alta burguesía cosmopolita y el popular que encarnan los que pertenecen a la servidumbre. Están muy bien reproducidos ambos registros con giros muy coloquiales que transmiten una atrayente y eficaz oralidad, característica que también está presente en el resto de sus obras.
En Un mundo para Julius, la prosa de Bryce Echenique alcanzó una inusitada madurez, capaz de enfrentarse al reto narrativo que supone describir la sociedad limeña, la alta y la baja, desde la mirada ingenua de un niño que, sin embargo, por culpa de la interesada y egoísta amoralidad que le rodea, acaba perdiendo poco a poco la inocencia.