Luisiana-1923

Luisiana, 1923

EDITORIAL

TÍTULO ORIGINALThe Clearing

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓN Madrid (2022)

Nº PÁGINAS418 págs.

PRECIO PAPEL22 €

PRECIO DIGITAL10,5 €

GÉNERO

Hace un siglo, cuenta esta novela, al hermano pequeño le pide el padre buscar, a centenares de millas de su casa, al primogénito de la familia, Byron Aldridge. Byron, excombatiente de la Gran Guerra, a su regreso de Europa se marchó a una zona pantanosa del sur de Estados Unidos, y allí se puso a trabajar en un aserradero.

La esencia de esta trama sobre las obligaciones con los de la misma sangre entronca con una fecunda tradición narrativa. Tiene ecos bíblicos, a través de relatos de hijos fratricidas o hermanos con dramáticas rivalidades, y ejemplos de descendientes llenos de valor desde el primer hijo hasta el benjamín. Y roza lo grandioso del arte en ciertos linajes literarios: los Compson en Faulkner, el apellido Buddenbrook en Thomas Mann, los Glass… en historias que relatan la decadencia de la estirpe. Hasta las series de hoy dan versiones de que la sangre vale más que el agua.

Ese núcleo de humanidad –la fuerza indisoluble de saberse hermanos, la admiración de la fraternidad, el deseo de redimir vidas y pasados–, unido a los riesgos y complejidades de la existencia y del mal, y a las ataduras y desuniones del amor, confluyen en la segunda novela de Tim Gautreaux (1947), publicada en Estados Unidos en 2003.

Quienes estén siguiendo la obra de este narrador norteamericano (autor de novelas como El paso siguiente en el baile y espléndidos libros de relatos como Todo lo que vale o El mismo sitio, las mismas cosas) reconocerán su estilo. A Gautreaux le rebosa el talento para contar: sabe ambientar los años veinte del siglo pasado, le ilumina el don de la amenidad, domina cómo dar un detalle significativo, relata con minucia verista tanto la marca de una sierra o un arma, como el rastro de la muerte en una trinchera.

Sorprende la originalidad de sus comparaciones y su acierto al retratar a los personajes, también los secundarios (magistralmente al sheriff, al cura, a mujeres como May, Lillian, Ella). Todo rebosante de ingenio, aunque en esta ocasión le da un hachazo al humor.

Y bajo lo medular, que es hacer avanzar su historia, Gautreaux parece proponer símbolos o parábolas que pueden trasplantarse a nuestro tiempo y la sociedad de ahora. Por la pausada gravedad del comienzo, quizá el lector deba ser paciente con los primeros capítulos. Al final de la novela comprenderá de qué maneras puede mejorar el ser humano, incluso en la devastación.

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