Rialp. Madrid (2003). 212 págs. 10,50 €.
Un puñado de relatos y testimonios dibujan el perfil de Encarnita Ortega (1920-1995), una de las primeras mujeres del Opus Dei. El título expresa con claridad lo que recoge la autora: una galería de amistades y allegados que disfrutaron del trato y el apoyo de Encarnita, y no pueden olvidar la nueva dimensión que aportó a sus vidas. Pero no se trata solo de una serie de recuerdos. Las palabras francas, los retazos de cartas y las numerosas entrevistas que componen el libro dejan entrever los pliegues del alma de esta mujer y los trazos de una personalidad rica, forjada al ritmo de una vocación de servicio.
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De las páginas del libro se desprende el interés constante de Encarnita por toda persona que se cruzaba en su vida, y su modo sencillo y asombroso de vivir la caridad, con el que se ganó innumerables amistades. La fuerza de esta mujer -mitad gallega, mitad aragonesa- arrancaba de la fe en Dios y de la lealtad a un compromiso de búsqueda de la santidad en las circunstancias cotidianas. Quizá ni ella misma imaginaba que en 1941, cuando conoció al fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, iba a ser protagonista providencial de unos comienzos, tantas veces duros, y de una cadena de iniciativas apostólicas que superarían pronto las fronteras españolas y también sus sueños de juventud.
M. Ángeles Burguera