Tormentas de papel: las declaraciones del obispo Lehmann

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Contrapunto

Roma. Para experimentar la realidad virtual no hace falta colocarse en la cabeza ese curioso artefacto que cubre los ojos y deja al usuario manoteando, mientras se supone que pelea con algún ser misterioso o viaja por el espacio sideral. Una simple noticia de prensa puede bastar para que, no ya una persona, sino países enteros vivan su dosis de realidad virtual. Lo hemos visto recientemente a propósito de unas declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Mons. Karl Lehmann.

A las 16.36 horas del domingo 9 de enero, la agencia de noticias italiana Ansa distribuyó un despacho de diecinueve líneas con el siguiente titulo: «Vaticano. Obispo Lehmann: Papa debe tener la valentía de retirarse». La noticia sintetizaba el contenido de una entrevista concedida por el obispo a una radio alemana, Deutschlandfunk.

Como había tiempo suficiente, antes de difundir una información tan clamorosa (¡un obispo que exige la dimisión del Papa!), algunos medios italianos prefirieron comprobar su autenticidad. Así lo hizo, por ejemplo, el Corriere della Sera. Lehmann dijo al periódico que de ningún modo había pedido la dimisión del Papa; que su intervención en la radio se había movido en el plano de los principios y que, bajando a lo concreto, había añadido que, conociendo al Papa, lo creía capaz de retirarse si viera que su estado de salud le llegara a impedir cumplir con su ministerio. Esos datos sirvieron al periódico para moderar la presentación, sin renunciar de todas formas al plato fuerte que se le ofrecía. No todos hicieron lo mismo. Para La Repubblica, la frase incriminada se había convertido ya en «una propuesta shock de los obispos alemanes».

El lunes 10, la agencia Ansa decía en un despacho que la noticia no había tenido ningún eco en la prensa alemana, contrariamente a lo ocurrido en Italia, donde ocupó las primeras páginas de todos los periódicos. Horas después, la oficina de prensa de la Santa Sede distribuyó la transcripción italiana de la entrevista, donde las frases incriminadas no aparecían. Se empezaba a entender el porqué del nulo eco en Alemania (y en los demás países). En realidad, todo había sido una forzatura, una mala interpretación o traducción, de la agencia italiana.

Pero los mecanismos de la información tienen sus curiosas dinámicas internas. Y así se dio la paradoja de que mientras Lehmann lanzaba comunicados para mostrar su indignación por la tergiversación de sus palabras, los inevitables Hans Küng y «Nosotros somos Iglesia» le felicitaban por haber «roto un tabú» y haber planteado «una cuestión sentida por muchos cristianos». Y así hasta que el martes 11 entró en liza buena parte de la prensa internacional, en este caso informando del revuelo que se había provocado en Italia y en el Vaticano, y en parte volviendo a adjudicar a Lehmann lo que no había dicho.

Al día siguiente, incluso una bella frase del Papa («Dios no nos pide nunca que afrontemos tareas por encima de nuestras fuerzas»), pronunciada en el discurso al cuerpo diplomático, en un contexto totalmente distinto al de la edad o enfermedad, fue interpretada como una respuesta papal a la petición de dimisión formulada por el obispo alemán.

Los roces que desde hace años tienen algunos obispos alemanes con el Vaticano hacían en parte verosímiles tales declaraciones polémicas. Incluso se podría aventurar que existan obispos que así lo piensen. Pero lo que no se puede es hacer decir a una persona lo que no ha dicho. Es cierto que a la pregunta, un tanto arrogante, del entrevistador («Año santo 2000: el Papa está claramente enfermo. ¿No sería quizás una fecha redonda -como ya se ha dicho y se ha leído-, un momento adecuado para la dimisión?»), el obispo Lehmann responde de un modo prolijo y casi confuso. Pero en ningún caso pide la dimisión del Papa.

Es más, en su respuesta hay también algunos elementos nuevos. Lehmann subraya cómo su opinión sobre el Papa ha cambiado en los últimos meses, gracias a las veces que ha podido estar con él durante el sínodo europeo y la reciente visita ad limina». Lo he encontrado siempre con una sorprendente presencia de espíritu para comprender las cosas (…). He quedado muy impresionado de la fidelidad y puntualidad con que ha seguido todas las sesiones del sínodo. Ha sido un ejemplo increíble. En esta situación debo decir que he llegado a tener un mayor respeto y una nueva valoración, ahora quizás lo juzgo de modo distinto de como lo veía antes».

Diego Contreras

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