Niños del domingo

TÍTULO ORIGINAL Söndagsbarn

DIRECCIÓN

GÉNEROS

Director: Daniel Bergman. Intérpretes: Thommy Berggren, Henrik Linnros, Lena Endre.

En 1991, el director danés Bille August realizó Las mejores intenciones, a partir del libro y del guión que Ingmar Bergman escribió sobre sus padres. En Niños del domingo, Daniel Bergman, hijo del gran director, desarrolla -también sobre guión de su padre- esa misma historia familiar durante un verano sueco, pocos años después: si en aquélla aparecían los abuelos y aún no los nietos, en ésta aparecen los nietos y ya no los abuelos, pero siempre los padres.

Pudiera parecer que es lo mismo hecho por dos realizadores diferentes; y que se trata -al comparar las dos películas- de un juego de perspectivas. La perspectiva de Niños del domingo es la del niño de ocho años Ingmar, con una madurez, inteligencia y sensibilidad extraordinarias, que le llevan a ver y decir de otro modo lo mismo, de manera que no resulta lo mismo. Esto ha sido posible gracias a un guión que permite descubrir lo nuevo y distinto, pues sabe que el acercamiento a la verdad de las personas es de algún modo inagotable.

La dirección de Daniel Bergman está muy en la línea, por ejemplo, de Bille August (Pelle el conquistador) y de Gabriel Axel (El festín de Babette), y tiene el marcado carácter común del cine nórdico. En buena medida es deudor del estilo de Ingmar Bergman, aunque menos cerrado y atormentado, y abierto a un público más amplio; más apoyado también en los actuales medios técnicos. Si la película no hace pensar en que es el primer largometraje del director, sí se advierten ciertas leves faltas de desarrollo en determinadas secuencias.

El paisaje encantado, la calidad musical, los interiores, vestuario… colaboran con la magnífica interpretación de todos los componentes del reparto, en especial con el niño Henrik Linnros, entre cuyos recuerdos está uno que (salvo que fuera allí habitual) se diría inverosímil: una mujer da el pecho a su hijo de ocho años, ante los amigos del chico. Pero el relato no es sólo verosímil: tal vez su mejor valor esté en la precisión y hondura con que es tratada la persona humana, y en cómo es mostrada su grandeza.

Pedro Antonio Urbina

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