Éxito de dos campañas contra la mutilación genital femenina en África

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Duración lectura: 2m. 49s.

Las exhortaciones occidentales para cambiar tradiciones africanas arraigadas y poco saludables no siempre surten efecto. Así, hasta ahora han resultado poco eficaces las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los acuerdos internacionales para que una treintena de países africanos abandonen la costumbre de la mutilación genital femenina, que se practica por motivos religiosos, de decencia o supuestamente higiénicos.

Según la OMS, unos 130 millones de mujeres africanas de 28 países están circuncidadas, y miles de ellas mueren cada año, a consecuencia de hemorragias e infecciones. Además, las ablaciones de clítoris provocan otros problemas a largo plazo (ver servicio 8/96).

Lo que no ha conseguido la OMS, lo está consiguiendo en Senegal la organización Tostan, fundada por una estadounidense, Molly Melching, que lleva en el país desde 1975, cuando llegó como estudiante en intercambio. En julio de 1997, 29 comunidades senegalesas han declarado el fin de la circuncisión femenina y están presionando a otros pueblos para que sigan su ejemplo. Las clases de alfabetización y de diversas técnicas impartidas por la fundación Tostan (“Progreso”, en la lengua nativa) fueron convenciendo poco a poco a la gente de la necesidad de replantearse una arcaica tradición.

¿Cómo lo han conseguido? “Nunca hablábamos de sexualidad, sólo de salud y derechos”, ha dicho Melching al International Herald Tribune (23-VI-98). Pero después de meses discutiendo en grupo se acaba llegando a la cuestión de la circuncisión femenina y a otros asuntos que antes casi nunca se discutían en público.

Melching asegura que convertir la circuncisión femenina en una cuestión política o decir que es un barbaridad -como hacen generalmente las instituciones occidentales- no convence a los africanos. “Estas mujeres quieren realmente a sus hijos”, y muchas comparan el dolor de la circuncisión con el que pasan las mujeres occidentales en operaciones de cirugía estética.

Otro error de las campañas occidentales es no entender que rehusar la circuncisión significa en bastantes casos que la mujer no encuentre con quien casarse y que su familia la desprecie. Por eso hace falta que las decisiones se tomen en comunidad. En el caso de Tostan, ha sido también muy útil ganar para la causa a las parteras, que normalmente son las tradicionales encargadas de practicar las mutilaciones.

También en Egipto algunas campañas contra la mutilación femenina están surtiendo efecto, según informa la revista Newsweek en su versión española (10-VI-98). Shokria Hana, una mujer de 51 años que vive en Gaafar, una pequeña localidad de 200 familias, se ha opuesto a que su hija de 13 años sea sometida a la ablación. Según Hana, la operación es un error, ya que causa numerosos problemas médicos. Hasta el momento, 27 familias han apoyado la decisión de Hana y se han unido al rechazo de la antigua costumbre.

En Egipto la mutilación genital femenina está prácticamente generalizada. Según una encuesta realizada por el gobierno en 1995, el 97% de las mujeres casadas habían sido sometidas a la operación. Para erradicar esta costumbre, varias organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos se han unido a diversos grupos religiosos y cívicos y han organizado campañas en una decena de aldeas.

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