Una cooperativa belga recicla el derroche del consumidor

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Duración lectura: 1m. 22s.

Iniciativas

Una cooperativa de trabajadores belga llamada Terre, situada en las afueras de Lieja, ha fundado una planta de reciclaje cuya misión principal es recoger ropa usada, maletas, zapatos, etc., reciclarlos y mandarlos al tercer mundo. Con una flota de 45 camiones, Terre consigue recoger diariamente unas 25 toneladas de estas prendas y otros materiales desechados, clasificarlas y empaquetarlas con destino a las zonas más pobres.

Cada mes, los desechos de las familias les proporcionan más de 450 toneladas de ropa usada, que se venden tanto en el interior del país como en el extranjero. Mucha de esta ropa está en buen estado. “La gente gana demasiado; si no, no tirarían estas cosas”, declara al International Herald Tribune el fundador de la planta de reciclaje, William Wauters.

Terre tiene 240 empleados. Casi todos son personas que eran consideradas inempleables. Cerca del 70% son ex presidiarios, antiguos adictos a la droga, alcohólicos y minusválidos.

Por si fuera poco, Terre dona casi todos sus beneficios, que por término medio son de unos 10 millones de dólares al año, para la creación de co-operativas en los países en desarrollo. De hecho ya han financiado proyectos tales como una fábrica de bicicletas, propiedad de los trabajadores, en Nicaragua, un proyecto de riego en Perú, barcas de pesca en la India y una mina en Argelia.

En la recogida diaria también se incluyen 65 toneladas de papel y cartón. La mayoría se clasifica y se revende a las fábricas de papel; el resto sirve para alimentar las mismas fábricas de Terre, que recicla el papel desechado en papel de embalaje.

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