¿Un hijo para feministas solas?

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La conocida feminista Naomi Wolf critica en The Sunday Times (Londres, 28 octubre 2001) la actitud de sus colegas radicales contrarias a la paternidad y la familia.

Las técnicas de reproducción artificial, dice Wolf, permiten hoy lo que algunas feministas considerarían el sueño de libertad para la mujer: tener hijos sin contar para nada con un varón. Pero la autora advierte que “estos ‘progresos revolucionarios’ muestran solo que, cuando se pone la fe en la tecnología para crear ‘libertades’, se hace un pacto con el diablo”.

No hay que confundir posibilidades técnicas con derechos o libertades. Si en este caso se confunden, es porque “el feminismo -comprensiblemente, dada la necesidad histórica de sostener que las mujeres podían trabajar como los hombres en el mercado laboral- abrazó un modelo de libertad consumista e individualista”.

“Es hora de plantearse cuestiones más profundas sobre el significado de la libertad. ¿No son nuestras obligaciones familiares y sociales una parte tan importante de nuestra libertad como la posibilidad de adaptar nuestra vida reproductiva a nuestros caprichos femeninos?”. Ante la posibilidad de crear embriones para mujeres solas, o para experimentar obtener células madre, Wolf pregunta: “¿Acaso convertir embriones en mercancía, sin relación con la vida familiar, realmente libera a la mujer?”. Wolf añade que es apasionada defensora del aborto legal, pero “eso no signfica que me parezca bien tratar el feto como ‘material’ desechable”.

Wolf sigue preguntando: “¿Mejora la vida y el estatuto de la mujer cuando el comienzo de un niño, o el niño mismo, se convierte en un artículo más que se puede comprar en un banco genético?”. “¿Son las mujeres libres por definición cuando no necesitan relacionarse con los hombres en el plano más íntimo para formar una familia?”.

La respuesta a todas esas cuestiones es no. Y Wolf lamenta que “la revolución sexual y las feministas que devaluaron la paternidad hayan debilitado la alianza entre hombre y mujer en la vida familiar”. De nada aprovecha a las mujeres usar la tecnología para prescindir de los hombres.

En cambio, concluye Wolf, es preciso recuperar una enseñanza de la vieja “sabiduría”: que el amor importa. “Criar a un niño contra la personal inclinación del momento, contra la propia conveniencia; aceptar un hijo que puede estar sano o no; entrar en relación con nuevos parientes que tal vez no sean tu compañía preferida…; todos esos actos entrañan lecciones cruciales de paciencia y tolerancia, hoy más necesarias que nunca”.

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