¿Qué poder ha conquistado la mujer?

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Duración lectura: 4m. 3s.

Steven A. Holmes se plantea en International Herald Tribune (16-XII-96) cuál es la mejor medida de la influencia de la mujer en la sociedad.

(…) ¿Significa la feminización de la política y la cultura que las mujeres tienen más poder? (…) ¿Cuál es la mejor medida de los logros de la mujer: su mayor presencia en las esferas de poder o su mayor influencia en las decisiones de los poderosos? ¿Debemos pensar que el feminismo ha triunfado si no consigue que haya tantas mujeres como hombres en los puestos más altos, pero obtiene para ellas horarios flexibles, más tiempo para realizar las compras, más preocupación por la seguridad, más interés por la educación?

“En cierto modo, lo mejor que ha hecho el movimiento feminista es dirigir nuestra atención a lo que yo llamaría cuestiones de igualdad en la vida, de modo que la cuestión no sea simplemente llegar a dirigir una empresa, sino cómo reestructurar el lugar de trabajo para que sea mejor para todos”. Así dice Paula Rayman, directora ejecutiva del Radcliffe Public Policy Institute.

Pero otras feministas afirman que las élites políticas y empresariales se han limitado a idear métodos más creativos para vender bienes, servicios y candidatos electorales a las mujeres, pero sin introducir mejoras sustanciales en su oferta. Al final, como las mujeres se han incorporado masivamente al mercado laboral, hacen la mayor parte del trabajo doméstico y siguen siendo el principal objetivo de la publicidad, sólo ha cambiado el estereotipo femenino, que ha pasado del ama de casa desgreñada y embarazada a la mujer acosada por las deudas y exhausta.

“Tal vez esto sea la causa de la actual reacción contra el feminismo por parte de algunas mujeres -afirma Heidi Hartman, directora ejecutiva del Institute for Women’s Policy Studies, de Washington-. Dicen que todo lo que nos ha traído el feminismo es más trabajo”.

Sin embargo, no se discute que Estados Unidos ha experimentado grandes cambios en los últimos veinticinco años. De 1970 a hoy, las mujeres se han incorporado al trabajo hasta llegar a ser casi la mitad de la población activa, y es cada vez menos frecuente que dejen de trabajar cuando tienen hijos. El número de empresas propiedad de mujeres aumentó un 43% entre 1987 y 1992. Todas esas tendencias suponen que las mujeres están tomando cada vez más decisiones políticas y económicas con independencia de los hombres.

Y a causa de esto, los productores de bienes y servicios de lujo se dirigen cada vez más a ellas. Las mujeres, por ejemplo, hacen casi la mitad de las compras de coches nuevos y alrededor del 25% de las de camiones ligeros, incluidos todoterrenos y furgonetas. Por eso, los fabricantes de automóviles están cambiando los diseños y el marketing de los coches, dando más importancia a la seguridad y la comodidad -cualidades que las mujeres valoran más- que a la velocidad o la potencia.

En el sector sanitario -que representa más o menos una séptima parte de la economía norteamericana-, las mujeres toman o influyen significativamente en el 75% de las decisiones de gasto por parte de las familias. En consecuencia, grandes compañías de seguros de enfermedad han puesto en marcha planes para enseñar a los médicos el arte de las relaciones humanas, del que las mujeres los encuentran faltos.

La televisión también está cambiando a causa de las mujeres. Ahora son ellas la audiencia a que se dirigen no sólo los programas matutinos sino también los de las horas punta.

(…) Pero la duda permanece: ¿el poder del consumidor es verdadero poder? Tal vez el ejemplo que mejor ilustra este enigma sea la vivienda.

La superficie media de las viviendas de nueva planta ha pasado de 140 m2 a principios de los años 70 a casi 200 m2 en la actualidad, pese a que se ha reducido el tamaño medio de la familia. La mayor parte de este aumento se debe a que se han hecho más grandes las cocinas, los baños y los salones, cosa que las mujeres demandan, según han detectado los constructores.

“Cuando la gente compra casa, en el 80% de los casos dicen que el hombre y la mujer deciden conjuntamente -señala Gopal Ahluwalia, director de investigación de la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas-. Pero no se puede vender una casa a menos que tenga una cocina realmente buena, espaciosa y bien equipada. Por eso pensamos que es la mujer quien tiene más poder de decisión”. Pero también es posible que las casas se construyan cada vez más grandes para que las mujeres no se acuerden de que siguen atrapadas en ellas.

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