Menos hijos para la patria

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Duración lectura: 1m. 31s.

Contrapunto

Las profundas diferencias entre el Norte y el Sur se notan también en los modos de las políticas demográficas. En el Norte, donde la natalidad está bajo mínimos, los países que adoptan políticas pronatalistas las presentan como un modo de favorecer la libertad. No son políticas coercitivas, sino ayudas para remover las barreras económicas que obligan a los matrimonios a tener una familia pequeña. De este modo, los padres que desean tener más hijos pueden permitírselo, sin que esto afecte a las pautas de fertilidad elegidas por las parejas que no desean tener más. Aun así, estos subsidios familiares se enfrentan a menudo con el recelo de quienes ven detrás una inconfesable campaña pronatalista con el objetivo de “ofrecer más hijos a la patria” y de culpabilizar a los padres de escasa descendencia.

Estas precauciones son innecesarias en las campañas para reducir los nacimientos en el Sur. Allí no hay inconveniente en aplicar presiones para cambiar las pautas de fertlidad de todos. Las prácticas más coercitivas -como la política del hijo único en China, con abortos forzosos- no son explícitamente apoyadas; pero no acarrean la condena internacional mientras se realicen calladamente. Tampoco suscitan denuncias otras evidentes medidas de presión: condicionar préstamos internacionales a programas de control de la natalidad, obligar a la esterilización a mujeres que quieren conservar su empleo en algunas empresas, pérdida de los subsidios familiares a partir del tercer hijo… Así, las campañas antinatalistas se dan por buenas y parece normal que el Estado planifique unos objetivos para reducir el crecimiento demográfico. Por lo visto, la presión sólo es liberadora cuando se trata de ofrecer menos hijos a la patria.

Juan Domínguez

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