La “transición demográfica” puesta en duda

La historia mundial en la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por un crecimiento económico sin precedentes. La enorme expansión del bienestar material, tanto en los países desarrollados como en muchos países en desarrollo, fue acompañada de un continuo descenso de la fecundidad, que acabó configurando un nuevo patrón demográfico, en que la población crece más lentamente y a la vez envejece. Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en países con baja fecundidad.

La relación negativa entre desarrollo y fecundidad es una de las más conocidas generalizaciones de las ciencias sociales, que está en el núcleo de la teoría de la transición demográfica. Según esta teoría, el proceso de desarrollo -entendido como modernización- de un país se caracteriza por la urbanización y la industrialización, y por cambios demográficos. La transición demográfica consiste en el paso de un régimen poblacional premoderno, con elevadas tasas de mortalidad y de fecundidad, a un régimen posmoderno, en que unas y otras tasas son bajas.

De hecho, en el siglo XX hubo en los países desarrollados una fuerte reducción de la mortalidad y de la fecundidad, que también se comenzó a observar en los países en desarrollo en la segunda mitad del siglo. El descenso de la fecundidad se acentuó a partir de la década de 1960 con la difusión de los métodos anticonceptivos.

El consiguiente envejecimiento demográfico y la tendencia al crecimiento natural negativo -que ya ha empezado en algunos países- plantea nuevos problemas en el mundo rico, y también se comienza a percibirlos en las regiones en desarrollo. La reducción de la fecundidad es clara en toda Latinoamérica. En Brasil bajó a 2,1 hijos por mujer (el mínimo para asegurar el reemplazo de generaciones) en 2004. En Cuba, la tasa baja desde la década de 1970 y a finales del siglo pasado estaba en 1,5 hijos por mujer, de modo que la población comenzó a disminuir en 2006, aunque también ha influido la emigración. Ahora Cuba registra la fecundidad más baja de América Latina: 1,43 hijos por mujer en 2007.

Más desarrollo y más fecundidad

Sin embargo, una investigación publicada en Nature el mes pasado (1) pone en duda la relación negativa entre fecundidad y desarrollo, medido por el Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el Programa de la ONU para el Desarrollo. Tras estudiar series de datos relativos a ambos índices entre 1975 y 2005, los autores muestran que, si bien el desarrollo sigue estando asociado a un descenso de la fecundidad en países con IDH bajo o medio, en niveles avanzados de desarrollo hay una inversión de la tendencia. Donde el IDH no pasa de 0,86, un aumento de 0,1 del IDH va acompañado de un descenso de 0,159 de la fecundidad, por término medio. Pero por encima del 0,86, por cada subida de 0,05 del IDH, la tasa de fecundidad sube una media de 0,2 hijos por mujer.

Esta nueva relación positiva entre desarrollo y fecundidad en el mundo rico tiene excepciones, pero se observa en 18 de los 24 países con IDH igual o superior a 0,90 (2). Y lo más importante es que una y otra magnitud tienden a crecer en paralelo. Concretamente, en 2005 los países con IDH entre 0,90 y 0,92 tenían una fecundidad media de 1,24; los de IDH superior a 0,95 estaban cerca del umbral de reemplazo, en 1,89 de media.

Con la tasa de este segundo grupo, la población tiende a disminuir poco en los siguientes decenios, y el decrecimiento natural puede ser compensado con una inmigración moderada, lo que abre la posibilidad de que los países muy desarrollados experimenten un alivio de sus problemas de envejecimiento y retroceso demográficos.

Según uno de los autores de la investigación, Hans-Peter Kohler (Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de Pensilvania), el repunte de la fecundidad se ha dado en países con contextos sociopolíticos muy variados. Por un lado, Estados Unidos tiene un mercado de trabajo y una economía flexibles. Por otro, los países escandinavos ofrecen generosos subsidios públicos a las familias. “Todos tienen en común niveles relativamente altos de compatibilidad entre la maternidad y el empleo”, dice. Una conclusión puede ser que el desarrollo trae consigo mayor libertad para optar por los hijos.

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NOTAS

(1) Hans-Peter Kohler, Mikko Myrskylä, Francesco C. Billari, “Advances in Development Reverse Fertility Declines”, Nature 460, 741-743 (6-08-2009).

(2) Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Islandia, Israel, Italia, Luxemburgo, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido y Suecia. Los 6 países con IDH de 0,90 o más donde no ha subido la fecundidad son Australia, Austria, Canadá, Corea del Sur, Japón y Suiza.

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