La población española puede comenzar a descender antes del año 2010

En el momento en que el mundo alcanza los 6.000 millones de habitantes, la población española se caracteriza por tener la tasa de fecundidad más baja del planeta y una elevada esperanza de vida, y como resultado una estructura de edades cada vez más envejecida.

Con una población de 39,6 millones de habitantes, el crecimiento vegetativo se acerca al punto cero. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, referidos a 1998, la diferencia entre nacimientos y muertes se ha reducido a 4.005 personas. En 1998 nacieron 362.000 niños, mientras que en 1976 nacían 677.000.

El índice de fecundidad -número de hijos por mujer- es 1,15, el más bajo del mundo. Este índice lleva bajando desde 1976, cuando era de 2,8, y está prácticamente estabilizado desde hace dos años. Como es necesario un índice de fecundidad de 2,1 para asegurar el relevo generacional, se calcula que si no cambian las circunstancias demográficas la población española empezará a descender antes del año 2010.

Con el descenso de la natalidad y la creciente esperanza de vida (74,3 años para los varones y 81,6 para las mujeres), el resultado es el progresivo envejecimiento de la población. El porcentaje de personas mayores de 65 años, que era el 11,2% del total en 1980, será el 17% en el año 2000. En cambio, la población de menores de 18 años está en descenso desde 1996, y, si continúan las tendencias actuales, en el año 2005 será un 30% menor que la de ahora.

La tasa de nupcialidad es 5,14 matrimonios por mil habitantes. En 1998 el número de matrimonios (202.000) aumentó en casi 10.000 respecto a 1997.

Por el contrario, hay otras cifras que avalan la tendencia a la reducción de la población española. Una de ellas es el número de abortos, en continuo aumento desde 1987 y que en 1996 ascendió a 51.000. Esto supone que uno de cada cinco embarazos termina en aborto provocado.

Por otra parte, el número de hijos concebidos en España en 1995 había bajado un 31% respecto al de 1981, a pesar de que los padres manifiestan querer tener más hijos de los que tienen (ver servicio 79/98). El porcentaje varía según el puesto que ocupe el niño y revela la importancia demográfica del tercer hijo. En comparación con 1981, en 1995 se había reducido en un 19% el número de primeros hijos, un 21% el de segundos, un 42% el de terceros y un 20% el de cuartos y siguientes.

Los nacimientos fuera del matrimonio son inferiores a los de otros países europeos, pero van en aumento (ver servicio 33/99). En 1995 eran un 11% del total.

También destaca, dentro de las familias monoparentales, el crecimiento experimentado por aquellas que están a cargo de separadas o divorciadas. En 1998 llegaban al 58%, frente al 40% de 1990.

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