La lógica de Al Gore

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Duración lectura: 2m. 19s.

Contrapunto

A causa de la oposición despertada por el intento de favorecer el aborto en la Conferencia de El Cairo, el vicepresidente norteamericano Al Gore empezó a recoger velas antes de la Conferencia. En un discurso pronunciado el 25 de agosto en el Club Nacional de Prensa, pretendía buscar una curiosa área de acuerdo con la Iglesia católica en este asunto. “Prácticamente todo el mundo desea que el aborto sea infrecuente”, dijo Al Gore. “Este es el objetivo norteamericano; también es el objetivo de los grupos feministas, de los ecologistas, de la Iglesia católica, de los líderes de las principales religiones. De hecho, es el objetivo de todos los involucrados en este tema, aunque muchos de nosotros lo buscamos a través de diferentes medios”. En el fondo, venía a decir, estamos de acuerdo en lo esencial, así que dejemos que cada uno pueda poner en práctica los medios que estima oportunos.

El truco está en presentar la propia postura comoalgo moderado frente a una alternativa imaginaria (la de que el aborto sea más frecuente, cosa que obviamente nadie propone). Pero lo que se discute no es eso, sino qué medios poner cuando surgen dificultades para llevar a término un embarazo.

Pero los medios son tan diferentes que mientras para unos se trata de favorecer una mentalidad respetuosa con la vida humana naciente y de ofrecer alternativas al aborto, para otros lo importante es dejar el asunto a la libre decisión de la mujer sin ninguna restricción. Que el mismo objetivo (hacer infrecuente el aborto) pueda alcanzarse por medios tan contradictorios parece un atentado, no ya a la vida, sino a la lógica.

De acuerdo con esta lógica, Gore podría abordar también el problema del medio ambiente que tanto le preocupa. En el fondo, todo el mundo desearía reducir la contaminación, ya que todos sufrimos las consecuencias. Los grupos ecologistas, las autoridades, los expertos y hasta los industriales que se desprenden de productos contaminantes, desean que mejore el estado del medio ambiente. Y es que nadie contamina por gusto. Si algunos lo hacen es porque la solución alternativa les resulta más costosa, si no imposible. Así que lo mejor sería dejarlo a la libre decisión de cada uno, sin que las leyes se empeñen en establecer prohibiciones.

Con esta lógica, Al Gore sigue repitiendo la cantilena de que el aborto debe de ser “seguro, legal e infrecuente”. Pero lo único seguro es que al hacerlo legal se convierte en algo cada vez más frecuente. De lo contrario, en Estados Unidos no habría 1,6 millones de abortos al año. Y lo raro sería lo contrario.

Ignacio Aréchaga

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