Cada vez somos más, pero con más recursos naturales

Uno de los temores que suscita el crecimiento de la población mundial es que llegue un momento en que los recursos de la Tierra no alcancen para todos. No es posible predecir el futuro, pero se puede ver si ahora hay menos recursos disponibles que antes, cuando la población era menor. La manera de comprobarlo es examinar la evolución de los precios: una subida es prueba de mayor escasez, mientras que una bajada indica mayor abundancia.

Ahora bien, los precios de las materias primas experimentan frecuentes altibajos: por eso, sólo se puede obtener conclusiones ciertas analizando periodos largos. Eso es lo que hizo el economista estadounidense Julian Simon, que estudió los precios de los principales recursos agrícolas y minerales, sobre todo en la segunda mitad de este siglo, y comprobó que todos habían bajado.

Ahora, nuevos datos publicados por The Economist (17-IV-99) confirman los hallazgos de Simon, con el interés añadido de que abarcan un siglo y medio, más tiempo que cualquier otro registro existente.

El semanario británico viene publicando desde 1864 un índice de precios de materias primas (IPMP) cuyos primeros datos corresponden a 1845. Pero los datos publicados no sirven por sí solos para conocer la evolución de los precios, ya que a lo largo del tiempo han cambiado los criterios empleados para confeccionar el índice. Por ejemplo, se empezó a medir los precios en libras, y más tarde se pasó al dólar. El equipo de The Economist ha compensado esas diferencias, ha convertido todos los precios en dólares y los ha ajustado teniendo en cuenta la inflación. Así ha obtenido una serie continua y homogénea del IPMP desde 1845.

El IPMP incluye las principales materias primas o productos agrícolas (24 en la actualidad, no los mismos a lo largo de todo el periodo), menos el petróleo (que, por cierto, hoy se cotiza cuatro veces más barato que en 1980). La serie refleja los vaivenes de la economía: una extraordinaria subida en la primera guerra mundial, una caída no menor a raíz de la depresión de 1929, otra alza acentuada en 1973, debida a la crisis del petróleo… Pero, entre altibajos, el IPMP muestra una clara tendencia general a la baja desde 1925. Si se toma como referencia el valor inicial del índice, correspondiente al quinquenio 1845-50, se ve que hoy las materias primas cuestan, en términos reales, el 20% del precio que tenían hace 149 años, el nivel más bajo en todo el periodo.

Eso significa que ahora hay más recursos disponibles que antes, incluidos los no renovables, como los minerales. Por ejemplo, el cobre ha bajado un 55% desde la última alza del IPMP, en 1995.

Pero la caída de los precios puede ser signo también de crisis económica, si se debe a una contracción de la demanda. Este es el caso de la última baja, desencadenada por la depresión asiática. Pero esto es sólo parte de la historia: como en ciclos anteriores, la actual caída se debe también a un exceso de la oferta, que a su vez es resultado del incremento de la capacidad productiva estimulado por la anterior fase de precios altos.

De todas formas, lo más importante no son los altibajos episódicos, sino la tendencia general a la baja del IPMP a lo largo de los últimos 150 años, periodo en que se ha registrado, a la vez, un crecimiento sin precedentes de la población y de la economía mundiales. La explicación que da The Economist es doble. Por una parte, la economía se basa cada vez menos en la industria pesada y más en los servicios y en la información. Esto implica que el crecimiento del PIB se traduce en un menor incremento de la demanda de materias primas. Por otra parte, el progreso tecnológico ha permitido aumentar la productividad tanto de las extracciones de minerales como de las explotaciones agrícolas, así como sustituir los metales por materiales más baratos, como el plástico.

La conclusión general es que la humanidad ha logrado obtener mayor rendimiento de los recursos naturales, de modo que estos se han abaratado. Pensar que cuantos más seamos, forzosamente a menos tocaremos supone no contar con el trabajo humano, que es la fuente de todos los recursos disponibles.

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