Trabajo para los refugiados, la mejor ayuda

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Duración lectura: 3m. 33s.
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Casi el 90% de los refugiados en el mundo viven en países vecinos al suyo –países como Jordania, Turquía, Líbano, Uganda, Kenia, Irán y Paquistán–, que también están muy necesitados y mal preparados para asumir esta responsabilidad. En la gran mayoría de los casos se habilitan campos donde se les proporciona lo más básico: techo y comida. Pero, para que no hagan competencia a los nacionales, no se les permite trabajar, lo que erosiona sus capacidades y a menudo exacerba su alienación y desesperanza.

 

En un libro recién publicado, del que The Guardian ofrece un extracto, los economistas Paul Collier y Alexander Betts proponen una solución enfocada a promover la autonomía y productividad de estas personas. La idea está siendo puesta en práctica ya en Jordania, que acoge entre 600.000 y un millón de refugiados sirios (en un país de 6,5 millones de habitantes). El 83% de estos refugiados viven no en campamentos sino en zonas urbanas, sobre todo en la capital Amman. Aunque hayan renunciado a la asistencia internacional que se recibe en los campos de refugiados, prefieren tener una mayor autonomía en las ciudades. Pero como no se les permite trabajar, la mayoría se ven obligados a sobrevivir en la economía informal.

En Jordania hay una Zona de Economía Especial, un área en la que las normas de negocios son distintas al resto del país, con la idea de atraer comercio, inversiones y creación de empleo. Pero, a pesar de las inversiones que ha hecho el gobierno, faltan dos cosas básicas: inversiones y trabajadores.

Collier y Betts piensan que la crisis de refugiados es una oportunidad para que Jordania atraiga hacia esas zonas inversiones de multinacionales, que por razones de responsabilidad social corporativa y también por intereses comerciales pueden estar interesadas en invertir allí.

El lanzamiento de un proyecto piloto de este estilo tuvo lugar durante la conferencia de Londres sobre refugiados sirios en febrero de 2016. El compromiso fundamental del llamado Jordan Compact fue que Jordania recibiría 2.000 millones de dólares en asistencia e inversiones. A cambio, ofrecería 200.000 permisos de trabajo a refugiados sirios. Uno de los principales medios para estos empleos sería a través de cinco nuevas Zonas de Economía Especial, en las que los refugiados pudieran trabajar junto con jordanos.

En los meses siguientes el gobierno británico, el jordano y el Banco Mundial trabajaron para sacar adelante el proyecto piloto. El Reino Unido proporcionó la conveniente financiación; el Banco Mundial ofreció préstamos condicionados; y, como otro componente crucial, la Unión Europea garantizó preferencias comerciales a productos exportados desde las ZES. En particular, concedió inicialmente ese trato preferencial para el sector textil, una industria en la que muchos sirios están especializados.

El proyecto representa un nuevo tipo de asociación en la que gobiernos y empresas trabajan juntos, buscando soluciones en la intersección entre desarrollo, comercio y seguridad. Así, acoger a los refugiados puede convertirse en una oportunidad, en vez de una carga. Los gobiernos europeos quieren enderezar una crisis migratoria; Jordania aspira a dar un salto adelante en las manufacturas y resolver un problema de seguridad; las empresas buscan una nueva oportunidad de negocio; los refugiados quieren trabajar; y todos están interesados en el futuro de Siria a largo plazo.

Estos economistas piensan que es más fácil que multinacionales alemanas creen empleos para los refugiados en los países como Jordania que les acogen que integrar en la economía alemana a los que han llegado allí. Hasta el momento, según datos de la Agencia Alemana de Empleo, la tasa de ocupación entre los sirios que han llegado a Alemania no llega al 10%.

Según el acuerdo del Jordan Compact, el gobierno jordano se comprometía a proporcionar permisos de trabajo a los refugiados en contrapartida a nuevos empleos creados en esas zonas. En el primer año de aplicación del acuerdo, el gobierno jordano debía ofrecer 50.000 permisos de trabajo a refugiados, y por el momento ya ha dado más de 30.000. Pero lo decisivo es que la inversión internacional genere suficientes empleos.