Se frena la inmigración en los países de la OCDE

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Duración lectura: 1m. 54s.

Las restricciones a la entrada de inmigrantes adoptadas por los países desarrollados están empezando a notarse. Los flujos migratorios, que habían aumentado en los años 80 y principios de los 90, se han estabilizado en 1993 y 1994 en varios de estos países. Así lo destaca el informe anual 1994 de la OCDE sobre Tendencias de las migraciones internacionales.

El informe subraya otros tres cambios en el tipo de inmigrantes: disminuye el número de solicitantes de asilo (por haberse hecho más selectivos los criterios de admisión), aumenta el de los trabajadores cualificados y crece también el porcentaje de trabajadores de temporada.

Junto a las corrientes tradicionales, se acentúan las migraciones entre países de la misma región. Dos regiones, Asia del Este y Europa central y oriental, emergen como nuevos polos migratorios. Asia del Este es la región del mundo que ha experimentado un mayor crecimiento económico en la última década. En consecuencia, ha atraído a trabajadores de otros países asiáticos, sobre todo a trabajadores temporales.

En Europa central y oriental, son los cambios políticos y económicos recientes, así como las tensiones étnicas, la causa de los movimientos de población.

El informe hace notar que la persistencia de la inmigración clandestina y la importancia que ha tomado la inmigración por reagrupación familiar indican que estos dos flujos no parecen totalmente controlables. El mayor dominio de los flujos migratorios, aunque resulte indispensable, no es más que una respuesta parcial a la inmigración. A la vez, es preciso desarrollar la cooperación internacional para crear empleo en los países de donde parten los emigrantes.

Los países europeos con mayor porcentaje de población extranjera en 1993 eran Suiza (18,1%), Bélgica (9,1%), Austria (8,6%) y Alemania (8,5%).

La adquisición de nacionalidad se da más en los países del Norte de Europa. En proporción a la población extranjera total, la tasa de naturalización en 1993 representaba el 8,5% en Suecia, 5,7% en Holanda, 3,6% en Noruega, 2,8% en Dinamarca y 3,1% en Alemania (aquí las naturalizaciones conciernen sobre todo a inmigrantes de origen étnico alemán). En términos absolutos, el país donde más personas adquirieron la nacionalidad ese año fue Estados Unidos (314.681).

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