Los hijos de inmigrantes aprenderán alemán en la escuela infantil

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El gobierno alemán ha redactado una declaración sobre la integración de los extranjeros, titulada “Buena convivencia. Normas claras”. La medida más concreta e inmediata es el reforzamiento de la enseñanza del alemán en los “Kindergärten” (escuelas infantiles), con el objetivo de paliar la falta de integración de las personas extranjeras o de origen extranjero. Lo son hoy alrededor de 15 de los 82 millones de habitantes de Alemania. El documento prevé que, a partir de 2010, “una de cada dos personas de menos de 40 años” en las grandes ciudades tendrá origen foráneo.

La importancia de este documento radica en que cierra una larga polémica ideológica. El discurso del centro-derecha ha priorizado en la última década la integración, bajo la premisa de que existen una cultura y unos valores en Alemania (“Leitkultur”) que deben conforman las bases de la convivencia en la sociedad, mientras que el centro-izquierda, imbuido del postmodernismo de Los Verdes, se decantaba por la multiculturalidad, que celebra la diversidad como un bien en sí mismo.

Pero el documento de la Gran Coalición es también un reconocimiento del fracaso de los principios economicistas que han inspirado las políticas de inmigración en los últimos 50 años. En los años 60 se acuñó el término “Gastarbeiter” (trabajador huésped) para designar al inmigrante, que era reclutado en su país de origen a través de oficinas, primero en Italia, España, Portugal y Yugoslavia, y después también en Grecia y Turquía. El proyecto inicial preveía permisos de residencia temporales, de unos dos o tres años, pero la industria alemana reclamó que se alargaran los períodos, y comenzaron a improvisarse medidas de reagrupación familiar.

Desde un punto de vista económico, se subraya en la declaración del gobierno, la inmigración ha sido un éxito. Unos 300.000 inmigrantes han creado empresas que dan trabajo aproximadamente a un millón de personas, y eso sin contar con el papel que ha tenido y tiene la mano de obra cualificada y no cualificada extranjera en la economía alemana.

La realidad, en cambio, no es tan halagüeña desde el punto de vista social. Existe “un claro déficit de integración” incluso en “la segunda y tercera generación” de las personas de origen extranjero, reconoce el gobierno de Angela Merkel. Sostiene este diagnóstico un reciente informe de la OCDE sobre el rendimiento escolar de los hijos de inmigrantes, que arrojaba datos significativamente peores para Alemania que para la media de los 17 países analizados (ver Aceprensa 59/06).

Aceptar el orden legal

Pero hay otros síntomas que han encendido la luz de alarma. El más dramático fue el incendio que, en agosto de 2005, costó la vida a 9 extranjeros, una tragedia que pudo haber sido perfectamente evitada. Los bomberos les pidieron que cerraran las puertas y permanecieran en sus casas, pero los vecinos no entendieron las instrucciones, se precipitaron al exterior y las corrientes de aire extendieron las llamas por todo el edificio. El barrio de Mohabit, en el que se produjo el accidente, es uno de tantos en los que se concentran los inmigrantes sin casi necesidad de utilizar el alemán, ya que es frecuente que trabajen en negocios regentados por extranjeros de su mismo origen o en trabajos poco cualificados donde apenas necesitan el idioma.

En estos barrios es también muy elevado el porcentaje de abandono escolar entre los jóvenes inmigrantes. En el norte de Neuköln (Berlín), es el caso de 7 de cada 10, según el alcalde del distrito, que advirtió hace unos meses de que “si no nos preocupamos de estos jóvenes, tenemos [los disturbios callejeros de] París aquí dentro de diez años”.

La medida más concreta e inmediata acordada por la Gran Coalición es reforzar la enseñanza del alemán en los “Kindergärten”. El insuficiente conocimiento del idioma es una barrera que impide a los niños y jóvenes de familias extranjeras adquirir una buena formación y mejorar sus expectativas laborales en el futuro. Por ello, el objetivo es hacer del alemán “un signo visible de la pertenencia a Alemania”.

La otra línea a seguir, menos definida, consiste en “desarrollar un entendimiento conjunto de la integración fundado en derechos y obligaciones tanto para los migrantes como para la población nativa”. En lo que respecta a los extranjeros, deben “aceptar sin reservas la Constitución y el conjunto del orden legal”. Para concretar estos objetivos, la canciller Angela Merkel ha convocado a representantes de Administraciones Públicas, organizaciones empresariales y sindicales, asociaciones de inmigrantes y comunidades religiosas.

Esta iniciativa se añade a la anunciada en mayo por la ministra de Familia, Ursula von der Leyen, que suscribió una “Alianza para la Educación” con la Iglesia católica y las comunidades eclesiales protestantes (ver Aceprensa 53/06). El objetivo es inculcar a los niños, ya desde el jardín de infancia, una serie de “valores como el respeto, la responsabilidad, la confianza y la honestidad”. Las partes trabajarán hasta el otoño en las propuestas, y se celebrará entonces un nuevo encuentro al que serán también convocados representantes de credos minoritarios y de distintas organizaciones sociales y empresariales. Un aspecto decisivo que se ha dado ya a conocer es que el último año de educación infantil será obligatorio.

Ricardo Benjumea

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