Examen lingüístico y cívico para los inmigrantes

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Amsterdam. Ante los problemas que plantea la integración de los inmigrantes, varios países europeos están haciendo mayor hincapié en que los candidatos a entrar en el país conozcan mejor la lengua y la cultura de la sociedad que les acoge. Y no basta la buena voluntad. Los exámenes lingüísticos y cívicos apuntan ya en Francia y Holanda.

En Holanda, una propuesta de ley que modifica la Ley de Extranjería de 2002 establece un examen previo para los posibles inmigrantes. Con este fin, se ha preparado un documental que se utilizará para dar a conocer la sociedad holandesa a todo inmigrante que quiera establecerse en este país. El documental, titulado «Naar Nederland» (¡A Holanda!), que dura dos horas, ofrece información para la parte del examen que tiene que ver con el conocimiento de la sociedad; la otra parte evalúa el dominio del idioma hablado. La película, con traducciones a doce idiomas, ha empezado a distribuirse.

El examen, que el emigrante deberá preparar en su propio país, es una de las exigencias previas a la solicitud de permiso de estancia y tendrá lugar en la embajada de Holanda en el país de origen. El proyecto de ley no afecta a refugiados, ni a personas de países de la UE, Suiza, Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Japón.

¿Pero qué deberá conocer de la civilización holandesa el extranjero? La propuesta de ley ha coincidido paradójicamente con cierta marejadilla sobre la asignatura de historia en el curriculum escolar. En 2002 el gobierno holandés constató lagunas imperdonables en los conocimientos de historia, no sólo entre ciudadanos de a pie sino también entre parlamentarios. Consecuencia de aquel sobresalto es la reciente introducción de un canon de historia, un marco de referencia al que tendrán que someterse todos los programas escolares. Aún no había salido de la imprenta cuando se desató el debate sobre si los conocimientos de historia sirven de nexo entre los ciudadanos o si aíslan, si hay que enseñar fechas o corrientes. En el debate se olvida que el canon viene a paliar la ignorancia nacional y que se gestó cuando el multiculturalismo y la adaptación del extranjero no preocupaban tanto.

Los holandeses ven esta novedad como una medida disuasoria que quiere evitar la avalancha de residentes. «Este país se ha vuelto loco, siempre fue tan abierto a los extranjeros, especialmente Amsterdam. Ahora el ambiente ha cambiado, la gente se ha vuelto huraña con los extranjeros. Lo del examen es una medida para espantar y que no toca la esencia de la verdadera adaptación». Así opina Peter Wolf, profesor de alemán en la Amsterdam School of Business, y su óptica representa una buena parte de la población. Wolf, judío de origen polaco, compara -lamentándose- la actitud actual con la que tuvo Holanda cuando acogió a sus antepasados.

Pero todo podría cambiar, porque tampoco las tendencias migratorias son factor estable. Por ejemplo, un dato digno de mención es que en 2004 el número de holandeses que emigraron (110.000) superó al de inmigrantes (100.000). Nunca habían emigrado tantos holandeses, ni siquiera después de la II Guerra Mundial, como en el año 2004. Mientras que los inmigrantes sólo llegaron a 100.000, cifra normal en los años ochenta.

Ahora, entre las medidas políticas que cunden en el país desde el asesinato del cineasta Theo Van Gogh a manos de un joven fundamentalista musulmán, hay también iniciativas para conocer mejor la cultura de los inmigrantes. Delft ofrece cursos a sus ciudadanos sobre lengua, cultura, gastronomía y religión de Turquía y Marruecos. Otras ciudades van a imitarles. La idea es muy conciliadora, mientras no nos obliguen a hacer exámenes.

Carmen Montón

Examen para la naturalización en Francia

En Francia, a todo inmigrante legal se le propone un curso, gratuito, de lengua francesa y de iniciación al conocimiento de la sociedad (funcionamiento de las administraciones y de los servicios públicos, explicación de las nociones de ciudadanía y laicidad, recuerdo de la prohibición de la poligamia y de los matrimonios forzosos, etc.) El curso no es obligatorio, pero está muy aconsejado y permite obtener más fácilmente el permiso de residencia.

Para obtener la nacionalidad, el Código Civil exige al candidato, entre otras cosas, «un conocimiento suficiente, según su condición», no solo de la lengua, sino también de los derechos y deberes que supone la nacionalidad francesa. Para facilitar esta tarea, el ministro de Integración acaba de presentar una «Guía de los derechos y deberes del ciudadano francés», que se entrega a todo solicitante al retirar el impreso de naturalización en la prefectura.

Meses después será convocado a un examen lingüístico y cívico obligatorio, en el que le pueden hacer preguntas como: «¿Qué significa para usted la igualdad entre hombre y mujer?»; «¿Quién celebra el matrimonio en Francia?»; «¿El voto es obligatorio?».

La guía explica los grandes principios y valores de la República, la organización administrativa y política de Francia, la divisa nacional (Libertad, Igualdad, Fraternidad), la laicidad y la libertad religiosa, el principio de igualdad…

En 2004 adquirieron la nacionalidad francesa 99.368 personas, lo que supone un fuerte aumento frente a las 64.081 de 2002.

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