EE.UU.: cerrar las fronteras no resuelve la integración

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Según los últimos datos de la Oficina del Censo, casi la mitad de los niños menores de 5 años en Estados Unidos pertenecen a una minoría étnica. Este porcentaje se debe sobre todo al rápido crecimiento que ha experimentado la población hispana en los últimos años (ver Aceprensa 75/05). La publicación de estos datos, justo en el momento en que la Cámara de Representantes y el Senado estudian sendos proyectos de ley sobre la inmigración, puede arrojar nuevas luces a un debate muy acalorado.

La población hispana sigue siendo la minoría que más crece en Estados Unidos. Entre 2004 y 2005, los hispanos acapararon el 49% del crecimiento del país. El porcentaje aumenta -hasta llegar al 70%- entre los niños menores de 5 años. Estos datos sugieren que el crecimiento de la población hispana procede más de los nacidos en el país que de la inmigración. En efecto, según un estudio del Pew Hispanic Center, de los 40 millones de hispanos residentes en Estados Unidos en 2004, se estima que el 55% había nacido en el país; el 25% eran inmigrantes legales; y el 20%, ilegales.

Si se consolida esta tendencia en los próximos años, Estados Unidos tendrá que afrontar cambios demográficos profundos en la estructura de su población. Cambios que a su vez traerán implicaciones serias en el sistema educativo, los puestos de trabajo y la Seguridad Social. Por esta razón, algunos analistas proponen dar un giro al debate en torno a la inmigración: el verdadero problema -dicen- no es la entrada ilegal de nuevos inmigrantes, sino la integración de los que ya están dentro.

Para Peter D. Salins -rector de la Universidad de Nueva York y autor de “Assimilation, American Style”- Estados Unidos hace bien en plantearse la reforma de la inmigración. Lo que no está claro es que el enfoque adoptado por congresistas y senadores sea el correcto. La reforma es urgente, sí, “pero no para cubrir los huecos del sistema laboral norteamericano; ni para complacer a los votantes pro o anti-inmigración; sino para garantizar que todos los inmigrantes, presentes o futuros, se integren en la vida civil y social de Estados Unidos”, escribe en “International Herald Tribune” (12-05-2006).

Con este planteamiento, Salins se distancia de la postura mantenida hasta ahora por el Senado (ver Aceprensa 40/06). A su juicio, un programa de trabajadores temporales es radicalmente incompatible con la integración. Además, añade, existe el riesgo de que esos trabajadores no regresen a su país cuando finalice el permiso. Esto incrementaría -como ocurrió en Alemania con los trabajadores turcos- el problema de los inmigrantes ilegales. Pero Salins también se opone a la posición meramente restrictiva de la Cámara de Representantes (ver Aceprensa 26/06). “Cerrar las fronteras, sin ofrecer vías alternativas de inmigración legal, es insostenible”, concluye.

En las últimas semanas, las masivas manifestaciones en ciudades como Los Ángeles, Chicago o Dallas han puesto de relieve que los hispanos sí quieren integrarse. En este sentido, los expertos llaman la atención sobre la creciente preocupación de las familias de inmigrantes por la educación de sus hijos. Cada vez es más frecuente, dicen, que los niños hispanos acudan antes al colegio. Según el “Washington Post” (10-05-2006), en algunos centros de preescolar por primera vez hay mayoría de alumnos hispanos.

Juan Meseguer Velasco

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