Alemania siente traicionada su voluntad de acogida

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Berlín.– Los acosos sexuales que se produjeron durante la Nochevieja en diversas ciudades de Alemania —pero también, aunque en menor medida, en Austria y Suiza— han conmocionado al país, en el que nunca antes se habían denunciado tales actos a tan gran escala. Y como los culpables son en gran parte extranjeros acogidos como refugiados, muchos alemanes sienten que se ha abusado de su buena voluntad.

Alrededor de un millar de hombres jóvenes, “de aspecto norteafricano o árabe” —en esto coinciden tanto testigos como la policía—, se concentró a últimas horas de la tarde del 31 de diciembre en los alrededores de la Estación Central de Colonia. Tras lanzar cohetes indiscriminadamente, también directamente a corrillos de personas, se dividieron en grupos que acorralaron a mujeres, abusaron sexualmente de ellas y en muchos casos también les robaron dinero o el móvil. A día de hoy —11 de enero— se han presentado 516 denuncias, entre ellas dos por violaciones. Un centenar más, también por agresiones sexuales, se registran en Hamburgo, y un número menor en otras ciudades.

Sin embargo, tan vergonzoso como los hechos mismos ha resultado ser el modo en que se ha informado de ellos. Por ejemplo, el 1 de enero, la policía publicó un comunicado en que hablaba de una “Nochevieja tranquila”. Parecía que aún no se habían presentado denuncias. Que tampoco esto era cierto, lo afirmaron unos policías en declaraciones al diario Welt am Sonntag (7 de enero): durante la noche se efectuaron controles a unas cien personas; bastantes de ellas fueron detenidas y llevadas a comisaría. En la mayoría de los casos se trataba de ciudadanos sirios, o de personas “con papeles sirios”. Según estos policías, muchos de ellos llevaban pocos meses en Alemania: “tenían los documentos que se entregan en el momento de presentar una solicitud de asilo”.

“Todo aquel que se ha mostrado hasta ahora favorable a los refugiados, siente que su buena voluntad ha sido traicionada” (Uwe Schmitt)

Tanto la prensa escrita como la televisión no comenzaron a informar hasta el 4 de enero. La segunda cadena (ZDF) incluso no lo hizo hasta el día 5, por lo que más tarde se disculpó. Se supone que este silencio se debía a que en los sucesos estaban implicados sobre todo inmigrantes, probablemente refugiados en busca de asilo, y se querían evitar reacciones xenófobas en la población.

Una primera reacción a los “sucesos de Colonia” y al hecho de que la policía retuviera información o informara con falsedad ha sido la destitución del presidente de policía de la ciudad, Wolfgang Albers. La canciller Angela Merkel declaró que se produciría una “dura respuesta del Estado de Derecho” y que habría que revisar las posibilidades de expulsar del país a los agresores.

Huellas en el ánimo de la población

Pero más profundas que las consecuencias políticas son las huellas que estos tristes sucesos han dejado en el ánimo de la población alemana y en sus relaciones con los inmigrantes en general y los refugiados en particular. La periodista Birgit Kelle, conocida por sus decididas críticas a la ideología de género, escribe en la revista Focus: “Lo más alarmante de estos excesos es que entre nosotros viven al parecer miles de personas a quienes les da completamente igual nuestro Estado de Derecho. Al parecer no tienen miedo a las consecuencias. Conocen la impotencia de la policía y se aprovechan de ella sin pestañear. ¿Hasta cuándo vamos a tolerarlo, como sociedad, so capa de variedad cultural y tolerancia mal entendida? ¿Qué ha de suceder aún para que los problemas se pongan claramente sobre la mesa, para que se mencionen los hechos, se identifiquen a los criminales y se actúe en consecuencia?”.

En un periódico extranjero, el suizo Neue Zürcher Zeitung, escribía Peter Rásonyi el 8 de enero: “Los principales responsables han sido los cientos de inmigrantes masculinos, desinhibidos, irrespetuosos y mal integrados, que consideran a las mujeres como presas disponibles. Esto, naturalmente, está relacionado con la cultura que esos hombres han traído de sus países de origen y que no se han adaptado a las normas alemanas. Y también tiene que ver, por supuesto, con la oleada de aproximadamente un millón de personas que llegó el pasado año a Alemania, buscando asilo, procedentes en su gran mayoría de esas culturas. La capacidad de admisión e integración de Alemania se topa con sus límites, a pesar de la impresionante buena voluntad y el talento organizativo, y a pesar de la generosidad de la población. Colonia es una señal de advertencia: el ritmo de la inmigración tiene que reducirse notablemente”.

Parece que se tardó tanto en informar de los sucesos porque estaban implicados sobre todo inmigrantes y refugiados, y se querían evitar reacciones xenófobas en la población

Probablemente sea Uwe Schmitt, en el diario Die Welt del 7 de enero, quien mejor haya plasmado los sentimientos encontrados que esos sucesos han dejado en la población: “Todo aquel que se ha mostrado hasta ahora favorable a los refugiados, siente que su buena voluntad ha sido traicionada. Ahora reina un desconcierto generalizado. ¿Qué consecuencias tendrán esas sensaciones? Con espanto y dolor confieso que los criminales de Colonia han conseguido lo que no habían logrado los más de un millón de refugiados: me siento atacado y escarnecido. Nadie me ha golpeado ni robado; no estuve en la Nochevieja ni en Colonia, ni Hamburgo ni en la Puerta de Brandeburgo. Es mi tolerancia, formada y defendida durante décadas, la que ha sufrido abusos. La chusma que sonreía con ironía ha atacado mi buena voluntad; me siento empujado a abandonar mi comportamiento justo con los emigrantes, a saltarme mi prohibición de generalizar: ya no quiero pensar y ser justo, sino que quiero revancha y castigo. Quiero que el Estado de Derecho alemán expulse del país a los responsables: iros de aquí, llevéis aquí tres años o tres semanas. Nunca antes pensé que mi postura frente a los que vienen a nuestro país para vivir mejor y más seguros fuera ofendida así. No estoy orgulloso de ello, sino desesperado. Espero que esta fractura no sea de larga duración; pero está ahí y es brutal”.

Las próximas semanas revelarán si los políticos son capaces de tomar medidas realmente convincentes que devuelvan la confianza a la población.

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