A la integración por la nacionalidad

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Adquirir la nacionalidad del país de acogida parece el grado más alto de integración del inmigrante, si bien una cosa es el cambio de pasaporte y otra la incorporación a una cultura. En Europa el número de naturalizaciones anuales en los 19 países que forman el Espacio Económico Europeo más Suiza se estima en 611.000 según datos de Eurostat correspondientes a 2000, el doble que en 1990. Si se agregan los datos correspondientes a los 8 países candidatos a la entrada en la UE, el número de nacionalizaciones sube a 645.000.

Lógicamente hay más nacionalizaciones en los países que cuentan con más alto porcentaje de población extranjera. El 30% del total de naturalizaciones corresponde a Alemania, el 18% a Francia y el 13% al Reino Unido. El 40% restante se distribuye entre los otros 24 países, y dentro de ellos los mayores porcentajes se dan en Holanda (8%) y Suecia (7%).

¿De dónde proceden los inmigrantes que han adquirido la nacionalidad? Si el origen se fija por continentes, el 43% de los nacionalizados son europeos, el 24% asiáticos y el 23% africanos.

Turcos, marroquíes y ex yugoslavos

Precisando aún más, en la mayoría de los 27 países los tres grupos principales son turcos, marroquíes y ex yugoslavos, que en conjunto representan el 40% del total.

Los turcos son el grupo principal en Dinamarca y Alemania, y el segundo más importante en Austria, Bélgica y Holanda. Los marroquíes tienden a obtener la nacionalidad sobre todo en Bélgica, Francia, Holanda y España.

De las 16.743 nacionalizaciones registradas en España en 2000, un 58,8% correspondieron a americanos (procedentes sobre todo de la República Dominicana y Perú), un 22,8% a africanos (marroquíes en su gran mayoría), un 10% a asiáticos (con predominio de Filipinas) y un 8% a europeos (pertenecientes a la UE, un 5%).

Un índice significativo de la voluntad de integración del inmigrante es la ratio entre las nuevas adquisiciones de nacionalidad y el número de extranjeros en el país (ver gráfico). En 2000, esa tasa era más elevada en Suecia (89 por mil), Holanda y Dinamarca. El índice más bajo se registraba en Grecia y Luxemburgo (5 por mil).

Es cierto que la naturalización depende no sólo del deseo del inmigrante sino también de las facilidades dadas por el país de acogida. El deseo de naturalización del inmigrante revela su voluntad de permanecer en el país huésped durante un largo periodo o toda su vida. Pero el extranjero también contrapesa las ventajas que puede adquirir (una residencia permanente, acceso a prestaciones…) con los posibles inconvenientes (cambio del status fiscal en el país de origen). Este balance puede ser determinante en el caso de extracomunitarios que acceden a la nacionalidad en países de la UE; en cambio, un ciudadano de un país de la UE tiene poco que ganar con el paso a la nacionalidad de otro.

El estudio de Eurostat proporciona también información sobre los principales grupos de personas nacidas en el extranjero y de no nacionales en 11 países sobre los que existen datos (las personas nacidas en el extranjero pueden ser ahora nacionales).

Los países con más residentes nacidos en el extranjero son Suecia, Eslovenia, Francia y Holanda, los cuatro por encima del 10%. Y los que cuentan con más no nacionales son Suecia y Francia (cerca de un 6%). En España está en torno al 4%.

El origen de los extranjeros que viven en otro país refleja bastante los lazos históricos. En Francia, el 60% son africanos, con un absoluto predominio de argelinos y marroquíes. En Portugal, los africanos son el 80%, la mitad de ellos de Cabo Verde. En Grecia uno de cada tres son rusos. En Gran Bretaña, los originarios de Irlanda y de la India son los dos grupos principales.

En España, un 6,26% de extranjeros

En el caso de España, las estimaciones más recientes sobre la población extranjera las acaba de presentar el Instituto Nacional de Estadística. Las cifras corresponden al último padrón municipal de 2002, en el que suelen inscribirse los extranjeros aunque no tengan permiso de residencia, porque les da derecho a asistencia sanitaria y a escolarización. La población extranjera alcanza 2.672.000 personas, lo que supone el 6,26% de la población total (42,7 millones).

De los extranjeros empadronados, casi cuatro de cada diez (un 38,5%) proceden de Latinoamérica. Los originarios de países de la UE son el 22% (casi todos jubilados); de otros países de Europa, un 13%; los procedentes de África, un 20%; los asiáticos, un 5%; de EE.UU, 1,5%.

Los ecuatorianos han pasado a ser la colonia más numerosa (390.000), desplazando a los marroquíes (378.000), seguidos por los colombianos (244.000).

La comparación entre el total de extranjeros del padrón (2.672.000) y el de titulares del permiso de residencia (1.324.000) revela que a finales de 2002 vivían en España de forma irregular 1.348.000 personas.

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