Malos tiempos para la industria de armamento

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Duración lectura: 1m. 26s.

Aunque muchos siguen esperando con escepticismo los prometidos “dividendos de la paz”, el fin de la Guerra Fría ya está ocasionando importantes pérdidas a los fabricantes de armas. La reducción de los presupuestos militares fuerza a este sector a sobrevivir con recortes y fusiones.

La prueba de que se ha reducido la demanda es el descenso de la actividad de este sector. En Estados Unidos, la industria de armamento funcionaba al 75-80% de su capacidad a finales del decenio pasado; ahora está entre el 20% y el 35%. En Europa, la proporción es aún menor: no llega al 20% en algunos casos. Y en la ex Unión Soviética, la producción es inferior al 15% de la capacidad total.

En consecuencia, el sector no tiene más remedio que reducir mano de obra. El año pasado despidió a 350.000 asalariados en todo el mundo. Según un estudio citado por Newsweek (5-XII-94), al final del siglo se habrá perdido alrededor de un quinto de los empleos relacionados con la defensa, es decir, de tres a cuatro millones. En términos absolutos, los mayores recortes se están dando en EstadosUnidos, donde se ha pasado de 1,35 millones de empleos en 1990 a 800.000 en la actualidad.

Otro procedimiento para sobrevivir a la reducción del mercado son las fusiones, fenómeno que se advierte en las empresas de aviación militar en Gran Bretaña, Alemania y Francia.

La lógica económica parece imponer la concentración de fabricantes a escala internacional, para servir a un mercado mundial notablemente empequeñecido. Pero los gobiernos, sobre todo en Europa, se resisten a perder el dominio de la producción de armamento, y prefieren mantener las industrias nacionales con subsidios.

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