Madurez sexual y menores culpables de violación

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Los recientes casos de agresiones sexuales en los que se han visto envueltos varios menores, algunos de ellos sin responsabilidad penal por no tener aún 14 años, han desatado el debate en la prensa española.

(Actualizado el 27-07-2009)

La discusión sobre la efectividad de las leyes no ha podido menos que desatarse ante la coincidencia en los titulares de dos sucesos tan preocupantes como el de Baena y el de Isla Cristina, dos casos de violación múltiple a niñas de 13 años. En ambos casos, la mayoría de los agresores eran menores de edad. El Partido Popular ha anunciado su intención de presentar al Congreso una propuesta de ley para rebajar la edad de responsabilidad penal de los 14 a los 12 años en casos de delitos graves.

En efecto, para algunas personas que analizan el asunto de la reforma legal, y para la propia ley vigente, cuyo artículo 3 permite el internamiento en un centro educativo de menores por debajo de los 14 años en casos de delitos muy graves, no parece admisible que la enormidad de determinados crímenes pueda quedar impune por el hecho de que el autor no alcance la edad mínima.

Más allá, sin embargo, del aspecto legislativo, un editorial de ABC (21-07-2009) reflexiona sobre el nivel moral de las generaciones más recientes. “Resulta inadmisible -dice- que a un joven de dieciséis o diecisiete años no se le pueda exigir un claro discernimiento sobre el valor de la vida, la libertad o la integridad sexual de los demás”.

Sobre todo cuando hay una tendencia social y política cada vez mayor a dejar de su cuenta su conducta sexual: “Mucho se habla de la madurez de la juventud en los discursos sobre su emancipación sexual y otros ‘progresos’ similares -advierte el editorial-, pero nada se dice de la correspondiente responsabilidad que deberían asumir”.

Por lo demás, esta irresponsabilidad es fomentada a veces por la imagen de la juventud que se envía desde algunos medios: “Basta ver cualquier capítulo de ciertas ‘series juveniles’ de televisión -recuerda ABC– para darse cuenta de los estereotipos que manejan sobre la sexualidad, la familia o la escuela”.

El editorial advierte asimismo que aunque casos como los recientes ponen en evidencia el “deterioro de valores y enseñanzas que reciben los jóvenes hoy en día”, la voluntad de poner algún remedio tiene que luchar contra imposiciones ideológicas que convierten “todo intento de difundir responsabilidad, contención o disciplina entre la juventud” en una “iniciativa reaccionaria”.

Pilar Rahola insiste en esta idea en un artículo publicado en La Vanguardia (21-07-2009): “Más allá de la legalidad, resulta evidente que vivimos una creciente banalización de la sexualidad entre jóvenes, hasta el punto de que cualquier serie televisiva que no incorpore sexo desinhibido entre menores no parece moderna. Y si repasamos las revistas para preadolescentes, parecen el paraíso de Nabokov en su delirio de Lolitas.

”Estamos creando una sociedad donde ser niño resulta tan antipático que se fuerza la entrada a la madurez, casi sin pasar por la adolescencia. Y así, acortados los tiempos, los chicos llegan a los grandes retos de la vida sin quemar las etapas necesarias. (…) Todo es rápido y banal, y así los educamos para surfear por la vida, sin enseñarles lo profundo que en ella habita, lo cual los convierte en adultos prematuros. Pero ¿los construye como adultos?”.

Días más tarde, en ABC (27-07-2009), también el escritor Juan Manuel de Prada subraya que los males que ahora se quieren atajar con el Código Penal se han sembrado antes entre los jóvenes con un bombardeo de hedonismo. A chicos de 13 años como algunos de los recientes violadores “les reparten condones en las escuelas y les ponderan las delicias de la libertad sexual; a cambio, les dicen que tales delicias solo pueden alcanzarse si son plenamente consentidas por la otra parte. Pero esta barrera del ‘consentimiento’ se torna absolutamente ineficaz, porque previamente se ha desatado una fuerza arrasadora”.

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