Madres, y a mucha honra

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Aurelia Dobles escribe sobre la maternidad en el diario de Costa Rica La Nación (San José, 5 marzo 2000).

Ahora resulta que ser mamá está pasado de moda. Que si sos progre y posmoderna, cuidado se te ocurre hablar bien de esa añeja y consabida costumbre de embarazarte, alumbrar, acunar, amamantar, cuidar y educar criaturas. Uy, corrés el riesgo de quedar como pola y desfasada. Y te tildan de antifeminista (…).

Cuatro amigas muy queridas, y muy vestidas de posfeminismo (ese que superó el anticuado y virulento movimiento de los sesentas): L, abogada exitosa y madre de gemelos, dispuesta a todo disfrute de la vida y de su profesión, y uno de ellos es inculcarles valores a sus criaturas; G, destacada periodista y madre de sólidos adolescentes, exprime su libertad sin escamotearse nada; C, psicóloga brillante, ídem de dos jóvenes y un bebé, y F, artista fenomenal, procreadora de una niña. Con ellas discutí una reciente portada de Viva en este periódico (“Decidieron no ser mamás”), donde prácticamente se satanizaba la maternidad.

El problema no es la decisión personal de las mujeres entrevistadas (…), sino las razones dadas para renunciar a los hijos: “Son un impedimento para alcanzar metas profesionales”; “constituyen cargas de por vida”; “impiden el disfrute de actividades ociosas o de esparcimiento personal”; “quitan horas de sueño y momentos para compartir con la pareja”; “deforman el cuerpo femenino”; “generan muchos problemas”…

Nosotras cinco (y millones más) vivimos la otra cara de la moneda: carajillos, y una profesión llevada con garbo.

L: “Mirá, si el reto de estos tiempos ya no es que las mujeres tengamos una profesión, sino tenerla y con hijos. Eso sí es desafío que estimula”.

C: “Pensar que crecer personal y profesionalmente solo se logra si no se tienen hijos, es tragarse entera la trampa del patriarcado”.

G: “Imitando el modelo de aquellos hombres -ya del siglo pasado y muy pronto antediluvianos-, ausentes de la responsabilidad de los hijos”.

F: “Para mí ha sido lo máximo parir. Olvidáte. Yo era de lo más egoísta y desde que nació mi hija, todo me dio vuelta. Le doy gracias infinitas al universo y hasta mis obras se llenan de esa energía. Ahora pinto más y con otro optimismo, otra luz”.

L: “Eso de renunciar a la maternidad estuvo de moda en Estados Unidos y Europa hace tiempo. Ahora más bien las mujeres cuarentonas y cincuentonas en esas latitudes, que renunciaron a ser madres en sus veintes y treintas, andan viendo cómo tienen hijos, y vaya problema: al cuerpo ya le cuestan esas lides y los bebésvan a tener madres-abuelas…”

Es muy respetable tu vida privada, y que hagás de tu ombligo un florero, si querés, pero yo coincido en que la maternidad me ayudó a dejar de contemplarme el mío propio (me refiero al ombligo).

En ese globo terráqueo que se me formó en la panza cuatro veces, le di vuelta a la especie humana con la experiencia de tener en brazos la fragilidad infinita de una criatura, súmmum de todas. Sí, claro, debe de haber mujeres muy cargas que no la necesitan para mejorar como seres humanos. Yo sí y me gusta reconocerlo. Y no me voy a extender sobre la honda vivencia de la maternidad, ni sobre sus aspectos arduos y difíciles.

Nadie dijo que una experiencia trascendente fuera fácil. Pero no hay un dolor que enseñe más coraje. (…

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