Luces y sombras en la lucha contra los abusos sexuales a menores

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Los medios de comunicación se encargan de informar sobre las grandes operaciones policiales contra los abusos sexuales infantiles. Pero, como se indica en un artículo publicado en New York Times (25 de abril de 2011), hay que ser muy cautos para evitar linchamientos mediáticos.

Las redadas policiales para detener a presuntos culpables de descargar imágenes sexuales de niños reciben mucha atención mediática. Pero, según Katrin Bennhold, en algunas ocasiones se ha actuado de forma apresurada y “existen también antecedentes de procesos muy publicitados que han terminado en fracaso, con personas inocentes encarceladas durante años; otros casos han sido sobreseídos por falta de pruebas no sólo sobre los sospechosos sino también sobre personas confundidas con ellos”.

Mary de Young, profesora de sociología y especialista en el tema, no duda del trabajo policial, al que califica de excelente. “Se han capturado –señala– a algunos pedófilos muy peligrosos (…) El problema –advierte– es que la red es muy amplia y hay muchos tipos diferentes de peces en ella”.

Por otro lado, como indica Liz Kelly, directora del Departamento sobre Abusos a los Niños de la Universidad Metropolitan de Londres, la lucha contra los delitos sexuales que implican a menores se está centrando en los últimos años en Internet, olvidando “las formas cotidianas y más usuales de abuso infantil”, que en su mayoría se siguen dando en el ámbito del hogar.

Términos equívocos

Cualquier acusación sobre abusos sexuales a niños genera alarma social y es frecuente no sólo que se desarrollen juicios paralelos en los medios de comunicación, sino que se proceda al linchamiento mediático de quienes son todavía sospechosos, vulnerando la presunción de inocencia.

Pero incluso los términos empleados son, como indica Benhold, equívocos y confusos. “En términos coloquiales el término pedófilo se entiende con frecuencia en el sentido de alguien que traspasa el mero interés sexual por los niños y llega al abuso. De esa forma se desdibuja la línea entre los pederastas y aquellos que ven imágenes del abuso sexual, un crimen horrendo pero diferente”.

Aunque algunos expertos señalan que la demanda de imágenes puede conducir al abuso, lo cierto es que en los agentes que han participado en las operaciones de la Interpol señalan que la mayoría de los implicados suelen ser sospechosos de descargar imágenes sexuales más que de cometer abusos. En el caso concreto de la última operación policial llevada cabo, sólo uno de cada cinco de los 121 detenidos en el Reino Unido era sospechoso de acoso infantil. El resto son “delincuentes de imágenes”.

Mejoras en las garantías del proceso

En cualquier caso, las unidades especiales que persiguen este tipo de delitos y la fiscalía están mostrando mayor cautela a la hora de valorar las declaraciones de los niños y identificar cuándo éstas son engañosas o injustas. Se quiere evitar de esa forma detenciones y encarcelamientos injustos, como el que ocurrió en Outreau (Francia), en 2004, cuando seis personas fueron encarceladas erróneamente acusadas de violar y abusar sobre sus hijos.

Asimismo, se han modificado algunas pautas en los procesos de investigación. En el Reino Unido en concreto se intenta preguntar a las víctimas lo antes posible y las imágenes de los testimonio se muestran desde el principio a un fiscal especializado. De esa forma, la fiscalía dispone de más tiempo para juzgar el valor de las pruebas y evidencias y el procesamiento se realiza con mayores garantías.

Como indica Benhold, la posibilidad de que los sospechosos terminen quitándose la vida –en 2001, lo hicieron 39 personas– ha llevado a “la mayoría de los países europeos a valorar sistemáticamente el riesgo de suicidio de los implicados presuntamente en abusos sexuales a niños y, en el caso de penas de prisión, a protegerlos de otros presos”.

“La policía –continúa explicando la autora- ahora también parece estar mucho más atenta al riesgo de pánico público”. En este sentido, ha cambiando la opinión sobre los registros abiertos de delicuentes sexuales que han provocado situaciones embarazosas para quienes tenían nombres parecidos, por ejemplo. Frente a la situación en otros lugares del mundo, en el que cualquier puede consultar estos registros, la ley inglesa es mucho más restrictiva, y solo pueden acceder a ellos sólo quienes tengan un interés pertinente.

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