La píldora contra la responsabilidad

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Duración lectura: 3m. 46s.

A falta de educación para una conducta sexual responsable, el recurso a la técnica se convierte en la tabla de salvación para borrar las consecuencias de los propios actos. Esta es la razón de ser de dos instrumentos aparentemente contradictorios, pero que responden a la misma lógica: la píldora postcoital y la recuperación de la “virginidad” por la cirugía, práctica que según cuentan crece entre jóvenes musulmanas en Bélgica y Francia.

Dentro de la feria de ofertas electorales, el PSOE propone el acceso libre y gratuito a la píldora del día siguiente en hospitales y ambulatorios, píldora que ahora se vende en farmacias con receta. Y estudia incluso despacharla sin receta, como las aspirinas. Ya solo falta hacerla obligatoria los lunes por la mañana.

El argumento para justificar la medida lo hemos oído muchas veces: se trata de que esta “contracepción de emergencia” esté máximamente accesible ante cualquier “relación sexual de riesgo” y frenar así la escalada del aborto, especialmente entre las adolescentes.

Hace unos años esta justificación todavía podía parecer plausible. Pero ahora ya existe una experiencia. Desde que se introdujo la píldora del día siguiente en España el número de unidades distribuidas en hospitales y farmacias subió de 160.000 en 2001 a 506.000 en 2005. Mientras tanto, en los últimos seis años, el número de abortos creció un 45% y los practicados en menores de 19 años han seguido aumentando desde una tasa de 8,29 por mil mujeres de esa franja de edad en 2001 hasta 12,53 en 2006.

Y un dato curioso, aunque no permita establecer una relación de causa-efecto. En las dos comunidades con gobiernos socialistas -Andalucía y Cataluña- donde la píldora del día siguiente se distribuye gratis en la red sanitaria, la tasa de abortos por mil mujeres de 15 a 44 años ha seguido creciendo en ese periodo de tiempo, y en el caso de Cataluña (13,57) supera ampliamente la media nacional (10,62).

Si en cualquier otro sector de la política sanitaria sucediera algo similar, se habrían buscado ya otras soluciones de medicina preventiva. Solo en el caso de la salud sexual impera la respuesta del más de lo mismo, digan lo que digan las estadísticas.

Reparación de emergencia

En riesgo se sienten también las jóvenes musulmanas europeas que han tenido relaciones sexuales, y que, ante una próxima boda, necesitan aparecer como vírgenes, so pena de ser rechazadas y empañar el honor familiar. Para cubrir esta “reparación de emergencia”, hay ginecólogos que reconstruyen el himen satisfactoriamente.

Incluso en Bélgica es posible que corra a cargo de la Seguridad Social, si el médico disfraza la himenoplastia como una reconstrucción vaginal por complicaciones postparto. Según datos obtenidos por el diario Le Soir, este tipo de reconstrucciones fueron 2.760 en 2004, casi el doble que en 2000. Pero es difícil tener unos datos precisos por la naturaleza semiclandestina de esta práctica.

Los cirujanos que la practican la ven como una suerte de trabajo social, gracias al cual se salva del “deshonor” a jóvenes angustiadas. Algo parecido a lo que invocaban los primeros médicos militantes del aborto, que querían salvar a las mujeres de una maternidad indeseada.

Lo llamativo es que, en esta época de prótesis y generalizada cirugía reparadora, la himenoplastia despierte irritación. El Consejo Nacional de Ginecólogos de Francia recomendó a sus miembros en 2006 que rechazaran de plano las himenoplastias, que no tienen justificación médica alguna, y que animaran a esas mujeres a oponerse a “esas tradiciones machistas”. Como puede verse, hay objetores de conciencia en cualquier campo.

Pero, si de tradiciones machistas se trata, ¿no hay machismo también en muchos casos de abortos de adolescentes cuando el chico se desentiende o el padre o la madre no ofrecen a su hija más ayuda que llevarla a la clínica abortista?

En cualquier caso, las píldoras y cirugías postcoitales responden al mismo patrón de evitar las consecuencias de una conducta sexual. En un caso se trata de preservar la infecundidad; en otro, de reconstruir una virginidad fisiológica. En ambos, la técnica corre al reparo de lo que no ha sabido evitar la educación del carácter y la voluntad. Solo cabe esperar que algún día se invente la píldora de la responsabilidad.

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