La increíble vida sexual de los jóvenes

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Phin Lyman, de 18 años, ha logrado que el diario británico The Guardian –más bien permisivo en cuestiones de sexualidad– se interese por el testimonio de su virginidad. Lo escribió para animar a otros compañeros a que esperen hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales, consciente de la presión que ejerce sobre los jóvenes la falsa percepción de que casi todo el mundo las ha tenido.

Lyman publicó primero el artículo en la revista de su colegio, The Wellingtonian. Joanna Moorhead, periodista del Guardian y madre de cuatro hijas, lo leyó y le gustó. Se entrevistó con Lyman para que le explicara más a fondo sus ideas. Además del artículo de la periodista, el diario ha reproducido el testimonio de Lyman.

“¿Qué aspecto tiene, mamá? Es la pregunta que me hicieron mis hijas adolescentes cuando volví de entrevistar a Phin Lyman, el chico de 18 años que está causando furor en los medios por declararse virgen y decir que está orgulloso de ello. La respuesta es que es alto, apuesto, inteligente y seguro. Porque, admitámoslo, tenía que serlo, ¿no?”, ironiza Moorhead para dejar claro que no está ante un mojigato.

A Lyman se le han presentado ocasiones para dar la espalda a sus principios, como él mismo cuenta: “Reconozco que puede ser difícil. En ocasiones he dudado sobre mis decisiones; y me hubiera apetecido subir al piso de arriba con esa chica a la que conocí en una fiesta. ¿Por qué no lo he hecho? Bueno, la respuesta más sencilla es que quiero tener relaciones sexuales solo con una mujer en mi vida. Una a la que ame y con la que quiera pasar toda mi vida”.

“El único tabú sexual que nos queda hoy es la virginidad; todo lo demás ya nos lo han enseñado

Lo que desune el sexo precoz
¿De dónde le vienen estas ideas? “Soy un poco romántico de la vieja escuela, y parte de esto proviene probablemente de mis ideas cristianas. No obstante, al final se trata de una firme decisión personal; quiero reservarme para una sola persona y me gustaría explicar por qué, sin necesidad de recurrir a citas de la Biblia”.

“Creo que el sexo es un símbolo increíblemente poderoso del amor entre dos personas. Es como un pegamento. Una vez que has tenido relaciones sexuales con alguien, te mantienes conectado a esa persona emocional y físicamente. Si rompes ese vínculo, el desgarrón abre unas heridas donde antes estaba el pegamento. Por eso el ‘sexo ocasional’ nunca funciona a largo plazo; no es posible”.

Para escribir este artículo, Lyman consultó algunas estadísticas sobre la iniciación sexual de los británicos. Aunque es consciente de que sus ideas no están de moda entre muchos jóvenes, también encuentra datos positivos: en 2011, el 27% de los varones de entre 15 y 24 años declaraba no haber tenido ningún tipo de contacto sexual con otra persona; hace casi una década, en 2002, ese porcentaje era el 22%.

Estudios realizados en otros países muestran que es grande la brecha entre la percepción de los jóvenes –muchos creen que la mayoría de sus compañeros ya han tenido relaciones sexuales– y lo que ocurre en la realidad (cfr. Aceprensa, 2-01-2012).

Lyman concluye así su artículo: “A todos aquellos que todavía no han tenido relaciones sexuales y se sienten presionados porque ‘todos los demás las han tenido’, les digo que no es verdad. Lo prometo. Muchas veces, la gente miente sobre lo lejos que ha llegado un fin de semana, o con su novia o su novio. Lo más probable es que la ‘increíble’ vida sexual de la que presumen tus amigos no exista. La vida no consiste siempre en llegar el primero: tómate tu tiempo”.

“Quiero tener relaciones sexuales solo con una mujer en mi vida. Una a la que ame y con la que quiera pasar toda mi vida”

El último tabú sexual
El artículo de Moorhead abunda un poco más en las ideas de Lyman. Su madre, enfermera especializada en pediatría, y su padre, exmilitar y ahora consultor en una empresa, le han dado a él y a su hermano criterios de orientación claros. “Mis padres siempre me han hablado sobre el valor de la espera”, explica. En cambio, le sorprende que otros padres “no quieran saber nada. Un chico viene a su casa con una chica, y sus padres prefieren mirar para otro lado. Así es más fácil”.

Tampoco ayudan a los jóvenes los programas de educación sexual que se imparten en la escuela. “Suele ser demasiado fisiológica. No me extraña que muchos jóvenes piensen que el sexo no es más que sexo”.

“El único tabú sexual que nos queda hoy es la virginidad; todo lo demás ya nos lo han enseñado. Pero creo que si fuéramos capaces de hablar abiertamente sobre ella, más gente estaría de acuerdo conmigo. Nos sobran las prisas para tener sexo. En cambio, apenas hablamos sobre sus consecuencias”.

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