Gran Bretaña: las mujeres siguen haciendo la mayor parte de las tareas domésticas

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Duración lectura: 2m. 55s.

¿Semana laboral de 35 horas? Ya la quisieran para sí las mujeres británicas. Las que tienen que ganar un sueldo trabajan 54 horas y media a la semana… cerca de la mitad (25 horas) en su propia casa. Eso revela, entre otras cosas, el estudio Social Focus on Women and Men, que acaba de publicar la Oficina de Estadísticas Nacionales de Gran Bretaña. La incorporación de mujeres, en gran número, a la población activa es “uno de los cambios más importantes que ha experimentado la sociedad británica en los últimos decenios”, dice. Y es también -habría que añadir- un drástico cambio para la vida de las interesadas, que trabajan 15 horas semanales más que las amas de casa.

Todavía en 1984, menos del 30% de las británicas con hijos pequeños tenían un trabajo externo. El año pasado la proporción había subido al 53%. Es verdad que muchas de ellas no tienen dedicación completa a la profesión: la prueba es que, en la población ocupada, la semana laboral media es de 41 horas para los hombres y 29 horas y media para las mujeres. Pero la reducción de jornada en la empresa es compensada en el frente doméstico, donde las mujeres gastan el doble de tiempo que los hombres. Al final resulta que el tiempo de trabajo total -dentro y fuera de casa- de ellas es sólo una hora más a la semana que el de ellos.

Tampoco las amas de casa a tiempo completo llevan una vida muy descansada. Trabajan en total 39 horas y tres cuartos a la semana (incluidas poco menos de dos horas dedicadas a trabajos remunerados esporádicos). Los que no se agotan son los hombres sin ocupación, aunque dedican más tiempo a las tareas domésticas (22 horas semanales) que los que tienen empleo, más dos horas a pequeños trabajos pagados.

Tanto en un caso como en otro, las mujeres siguen llevando la mayor parte del peso de la casa. El único quehacer doméstico del que se encargan los hombres habitualmente (en el 74% de los hogares) es el de las reparaciones corrientes. Lavar y planchar es aún un coto femenino: corresponde a la mujer en el 79% de los casos. Otras tareas están mejor repartidas. Cuidar a un miembro de la familia enfermo, aunque es cosa de las mujeres en casi uno de cada dos hogares, en otro 45% de ellos recae indistintamente sobre el marido o sobre la mujer. Lo más unisex es la compra, labor que hacen ellos y ellas por igual en el 52% de los casos; pero todavía queda un importante reducto de hogares (41%) en que el hombre no acostumbra bajar al mercado.

Pese al aumento de madres con empleo, señala también el estudio, las mujeres jóvenes con hijos trabajan fuera de casa en proporción sensiblemente menor que las de su misma edad pero sin hijos. En el momento de hacer la encuesta, un tercio de las mujeres que estaban empleadas durante el embarazo no se habían reincorporado a sus puestos dentro del año siguiente al parto. Así pues, el aumento de la tasa de actividad femenina ha sido paralelo al descenso de la fecundidad. Un dato ilustra esta coincidencia: de las mujeres nacidas en 1946, sólo el 9% no han tenido hijos; en cambio, de la generación de 1961, al paso que lleva, la quinta parte no dejará descendencia.

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