Las sorpresas del voto hispano en las elecciones de EE.UU.

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Duración lectura: 7m. 46s.
Voto hispano

CC: Erik Hersman

 

Washington.— A partir del 1 de julio de 2004, según la Oficina del Censo de Estados Unidos, los hispanos se convirtieron en la minoría más numerosa del país, al llegar a 41,3 millones, el 14,2% de la población. La minoría afroamericana pasó a ocupar el segundo lugar, con casi 35 millones, o 12% de la población total. Desde entonces, en cada período electoral, se han escuchado afirmaciones tales como “solo queda traducir esa ventaja numérica en potencia política.” Algunos han dicho que “el camino a la Casa Blanca pasa por el voto hispano” y otros que “llegó el momento de exhibir el poder hispano”.

Hoy en día hay 60,6 millones de hispanos en Estados Unidos, casi el 20% de la población total, resultante de un crecimiento espectacular, considerando que en 1970 eran solo el 5% y que llegaron a 50 millones en 2010 (16%). Sin embargo, la minoría hispana ha dejado de crecer con esa rapidez. Entre 2007 y 2018, el incremento el número de inmigrantes hispanos en Estados Unidos apenas pasó de 18 millones en 2007 a casi 20 millones en 2018, lo cual significó un decremento del 40 al 33 por ciento en la proporción de inmigrantes dentro de la población hispana. Los otros dos tercios son nacidos en Estados Unidos, por lo cual la mayor parte del aumento en la minoría hispana ahora es por nacimiento.

La mayoría de los hispanos se encuentran radicados en los puntos de entrada, en ambas costas y a lo largo de la frontera sur. Apenas han comenzado a desplazarse a lo largo del país, sobre todo hacia el Noroeste y hacia el llamado “Cinturón del Sol,” que incluye estados del sur y del suroeste, como Arkansas, Carolina del Norte y del Sur, Georgia o Tennessee. Aun así, más de dos tercios de los hispanos residen en cinco estados que incluyen algunas de las mayores ciudades del país: California, Texas, Nueva York, Florida y Arizona, por este orden.

El segmento más numeroso de la población hispana en Estados Unidos es de origen mexicano: asciende a 37 millones, o sea casi dos tercios del total, a pesar de que la inmigración desde México ha venido disminuyendo. El siguiente segmento, muy distante, es de Puerto Rico, con casi 6 millones, alrededor del 10%, equivalente al doble de los habitantes que radican en la isla. Los siguientes segmentos, mucho menores, son de origen cubano, dominicano y salvadoreño, cada uno de ellos con alrededor de 2,3 millones (casi el 4% cada uno).

Mayoría de ciudadanos

El número de habitantes no necesariamente se traduce en influencia política. Para eso, es requisito esencial tener los derechos que otorga ser ciudadano. La proporción de hispanos que son ciudadanos, sea por nacimiento o por naturalización, ha estado aumentando sostenidamente, hasta que a las puertas de la elección de noviembre, era del 80%, frente al 74% en 2010. El segmento de origen mexicano es el que tiene la mayor proporción de ciudadanos, con 80%, de los cuales menos de un tercio son nacidos en México. En segundo lugar, en números absolutos, se encuentran los originarios de Puerto Rico, quienes son ciudadanos por nacimiento.

El 80% de los 60 millones de hispanos son ciudadanos estadounidenses, pero solo 15 millones están registrados como votantes

Pero especialmente en una democracia lo que cuenta es el número de votantes. Por ejemplo, para la elección de este año, la expectativa era que un poco más de la mitad de los hispanos tendría derecho a votar, un récord de 32 millones, desde los 27,3 millones en 2016 y 29 millones en 2018. Así, en 2020 los hispanos se convirtieron en la minoría más numerosa del electorado, con el 13% de la totalidad de personas con derecho a voto.

Pero no basta con tener derecho a votar: para ejercer ese derecho es necesario estar registrado, y en esta categoría comienza a mermar el número de hispanos que pueden votar. Por ejemplo, en 2018, el número de hispanos registrados para votar ascendió a 15,5 millones, el 53,7% de los 29 millones que entonces eran ciudadanos. Finalmente, quienes están registrados tienen que salir a votar y en esta categoría también continúa disminuyendo la participación electoral de los hispanos. Así, en la elección de 2018, de los 15,5 millones de hispanos registrados para votar, solo votaron de hecho 11,7 millones, o sea, el 40,4% de los que tenían derecho de voto. Este porcentaje es muy similar al de los asiático-americanos, cuya participación electoral en 2018 fue del 40,6%. Y ambas están muy distantes de la de los afroamericanos, que fue del 51,1%, o la de los blancos, con el 57,5%

Dos tercios votan a los Demócratas

Aún no hay datos oficiales completos sobre las últimas elecciones. Los ahora disponibles son preliminares y se basan en encuestas efectuadas a la salida de las urnas. En la votación nacional, la estimación es que el Partido Republicano mejoró en la captación del voto hispano, desde el 29% en 2016 al 32% en 2020. Mientras que para el Partido Demócrata, el voto hispano se mantuvo casi al mismo nivel, con un leve incremento del 65% en 2016 al 66% en 2020. O sea, dos tercios de los votantes hispanos siguieron favoreciendo al Partido Demócrata.

Pero las cifras anteriores a nivel nacional ocultan algunos hechos sobresalientes que ocurrieron en la votación de los hispanos en algunos estados, sobre todo en aquellos donde residen dos tercios de los votantes hispanos. Por ejemplo, en 2020, el presidente Donald Trump ganó en Florida con una diferencia de 3 puntos, a lo cual contribuyó el apoyo del 45% de los votantes hispanos, en contraste con 35% que lo apoyaron en 2016.

Sorprendentemente, Trump subió en votos o ganó en condados de mayoría hispana fronterizos con México

Sin embargo, en Florida la mayor sorpresa la dio el condado de Miami-Dade, donde radica un alto porcentaje de votantes de origen cubano, pero que a pesar de ello es un bastión del Partido Demócrata. Por ejemplo, Trump ganó en el 53,5% de los distritos electorales mayoritariamente hispanos de Miami-Dade, en contraste con el 40% en 2016. Aun así, en 2020, Biden ganó el condado con el 53,4%. En total, en Florida Trump ganó el 56% del voto cubano, mientras que Biden consiguió el 41%. En contraste, entre los puertorriqueños, quienes disputan la mayoría a los cubano-estadounidenses en Florida, Biden obtuvo el 68% y Trump el 31%.

Otro resultado sorprendente fue en Texas, donde el voto hispano en favor de Donald Trump llegó al 36%, levemente mejor que el 34% en 2016. De ese resultado esperado, la mayor sorpresa fue el número de votos que consiguió Trump en condados fronterizos, mayoritariamente hispanos y tradicionalmente demócratas, como los del Valle del Río Grande. Por ejemplo, el condado de Starr es 99% hispano y en 2016 fue ganado por los demócratas con 60 puntos porcentuales de diferencia, la cual se redujo este año a 5 puntos. El condado de Zapata, ubicado entre Laredo y McAllen, dos ciudades fronterizas, era considerado un feudo demócrata. En 2012, Romney perdió en Zapata por 43 puntos porcentuales, y Trump perdió por 33 en 2016. Esta vez, Trump ganó por 5 puntos de diferencia.

Sin embargo, Florida y Texas eran estados donde se esperaba la victoria de Donald Trump. Donde resultó sorpresiva la victoria demócrata fue en Arizona, un estado que Trump ganó en 2016 por 3,5 puntos y que los demócratas no ganaban desde la reelección de Bill Clinton en 1996. El resultado en Arizona fue muy estrecho: Biden ganó con el 50,4% de los votos contra el 48,2% a favor de Trump, una diferencia de 10.000 votos. El Senador Demócrata electo Mark Kelly ganó por una diferencia de casi 80.000 votos.

Un voto no decisivo

El balance sobre el voto hispano en 2020 tiene que ser provisional, hasta que no se divulguen los resultados oficiales. No obstante, pueden derivarse algunas conclusiones con los datos disponibles.

En primer término, a nivel nacional, los porcentajes del voto hispano por partido político se mantuvieron iguales, con dos tercios para los demócratas y el tercio restante para los republicanos. En cuanto a los candidatos, en comparación con 2016, Donald Trump aumentó 3 puntos el porcentaje de votantes hispanos en 2020, mientras que el aumento del voto hispano para Joe Biden fue de 1 punto, comparado con Hilary Clinton en 2016. Por estados, en Arizona el voto hispano contribuyó al triunfo del Partido Demócrata, en un estado donde no ganaban desde 1996. Biden ganó la elección en los estados de los Grandes Lagos –Michigan, Pensilvania y Wisconsin–, porque recuperó la “muralla azul” que Trump logró romper para vencer a Hilary Clinton en 2016. Durante la campaña, Biden tuvo el acierto de dar prioridad a esos estados.

O sea, en 2020 el voto hispano no fue decisivo. Varios comentaristas han ofrecido explicaciones sobre este hecho. Algunos han dicho que “el voto hispano no existe”, porque está fragmentado por nacionalidades. Otros dicen que los hispanos “no tienen una sola identidad… no tienen una visión global compartida”. Lo dijo mejor Alfonso Aguilar, presidente de la Alianza Latina a Favor de Principios Conservadores: “El voto hispano no es monolítico”.

Al final de cuentas, entre otros, queda un misterio por develar: cómo Donald Trump, a pesar de su política nativista, logró aumentar el voto hispano en su favor.

Isaac Cohen es analista y consultor con sede en Washington