EE.UU.: el narcisismo como problema de Estado

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Daniel Altman analiza en Newsweek (25-07-2011) las consecuencias sociológicas y económicas del discurso narcisista tan arraigado en la sociedad norteamericana.

La sombra de la crisis económica ha resultado mucho más larga y oscura de lo que se pensaba. Para todos los países instalados en la sociedad del bienestar, la factura incluye un extra: la necesidad de cambiar de mentalidad. Según Altman, a la sociedad estadounidense le va a resultar especialmente traumático este cambio. La razón hay que buscarla en su narcisismo epidémico.

Altman señala que la sociedad estadounidense vive ensimismada en el hoy y ahora. Es una sociedad miope que despacha el mañana con promesas de vaga prosperidad fundadas en mitos más que en realidades. Ni siquiera el terremoto financiero ha sido capaz de hacerles cambiar de actitud: “Prefieren seguir bañándose en un mar de créditos baratos en vez de tomar medidas contra las prácticas y las instituciones que provocaron la crisis financiera”.

Además, según Altman, toda una cultura de la adulación les ha acostumbrado al gasto inconsciente y ha mermado su capacidad para el sacrificio. La cómoda prosperidad y el consumismo dominante les ha hecho egoístas: “prefieren que se hagan recortes de impuestos que invertir en oportunidades para las generaciones futuras (aunque hacen excepción con sus familias, que frecuentemente forman parte de su esfera narcisista)”

Para Altman, varios factores han contribuido a generar este ego social: por un lado, ciertas expresiones culturales de autoindulgencia y obsesión por la expresión personal, cuyo origen Altman sitúa en los años 70 y 80; por otro, algunas políticas de fomento del gasto vía rabaja de impuestos. Reagan sería el ejemplo de este modelo.

Los medios de comunicación tampoco se libran de culpa. Altman opina que el mensaje del “tú lo vales” que transmiten muchos anuncios ha contribuido a engordar el ego de la sociedad. Además, la fragmentación de la comunicación en Internet facilita que una persona pueda evitar fácilmente argumentos que cuestionen su forma de vida. Por último, redes como Facebook o Twitter ofrecen, según Altman, muchas posibilidades para la vanidad.

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