EE.UU.: el declive de la influencia de la generación del 68

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Duración lectura: 5m. 23s.

Varios artículos intentan tomar el pulso del electorado de Estados Unidos ante los comicios del año próximo. El primero sostiene que la generación del 68, representada por Hillary Clinton, empieza a estar anticuada, pero aún tardará en perder su influencia.

“No hay duda de que representamos el tipo de cambio que la senadora Clinton no puede asegurar. Y parte del asunto es generacional. Clinton y otros están peleando las mismas batallas de los años sesenta. Y eso hace muy difícil que puedan unir al país para obtener logros”. Lo ha dicho el candidato a las primarias demócratas, el senador Barack Obama, en una declaración para Fox News. Hillary Clinton responde que con esas palabras Obama se ha ganado el rechazo de los baby boomers, los votantes por encima de los 50 años.

Los cita Daniel Henninger en un artículo de opinión (The Wall Street Journal, 15-11-2007) titulado “1968: el largo adiós”.

En su análisis, Henninger reúne algunos de los hechos de carácter político que manifiestan el declive de la influencia del 68 y se pregunta si su herencia está muerta de cara a las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

El artículo menciona la intención de Hilary Clinton de gastar un millón de dólares en un museo en Woodstock, icono cultural del 68. La réplica de John McCain, candidato republicano, fue que él se perdió el concierto que dio lugar al mito en 1969 porque “estaba prisionero [en Vietnam] en aquella época”. Henninger también cita a Sarkozy y su planteamiento de la campaña electoral que le llevó al poder en Francia como “una cuestión de si la herencia del 68 debería perpetuarse o ser liquidada de una vez por todas”.

Henninger dice que aunque han pasado 40 años, basta dar una vuelta por Internet para encontrar que hay quien defiende esa herencia sin haber vivido aquellos acontecimientos. Se pregunta si sería bueno para la política americana dejar atrás a la generación del 68. Y responde que “probablemente, pero no sucederá en esta ocasión”.

Votante rico, votante pobre

Una encuesta también del Wall Street Journal -conjuntamente con NBC News- muestra un curioso cambio en las características socioeconómicas de los votantes que pone en duda el estereotipo tradicional. Los datos demuestran que hoy por hoy no se puede decir que el partido republicano sea el de los ricos y el demócrata el de los pobres. En 2000, entre los electores de renta superior a 100.000 dólares al año, el 55% votaron por el candidato republicano a la presidencia y el 43% por el demócrata. En 2004 esa brecha fue mayor, 58% frente al 41%. Hoy, según la encuesta, un 41% votarían al republicano y un 48% al demócrata. Si la papeleta fuera para el Congreso, los resultados serían parecidos, aunque con una distancia menor.

El análisis del Wall Street Journal (16-11-2007) muestra dos ejemplos: un ejecutivo que apoya a los demócratas y una mujer de clase trabajadora que milita en un sindicato para hispanos y que votará republicano. Esta lo hace, “básicamente” -según afirma- por su postura pro-vida. El empresario, porque los demócratas hablan más de “medio ambiente” o, en su opinión, “de seguridad nacional”, mientras el Partido Republicano mantiene en temas morales posturas que él rechaza, como la oposición a las bodas gay.

Otro empresario que reúne donantes para los demócratas dice que estos se están beneficiando de la sensación de “pérdida de prestigio en el mundo”. Un ex asesor de campaña del republicano Bob Dole habla de tres causas para este abandono de votantes con mayores ingresos: el deseo de apostar a caballo ganador (los demócratas vencieron en el Congreso), la pérdida de confianza en la competencia de la administración Bush, y “la sensación de que el liderazgo del Partido Republicano está hipotecado por un pequeño grupo de autoproclamados líderes sociales conservadores”.

El “voto religioso” en juego

Con la intención de robar votantes a los republicanos en el sector más religioso de la ciudadanía, el Partido Demócrata promueve la Faith in Action Initiative, que reúne dos veces por semana a un grupo de demócratas de diferentes confesiones religiosas. Están capitaneados por una pastora pentecostal fuertemente involucrada en política. Los datos señalan que se ha reducido la brecha religiosa (“the God Gap”) entre ambos partidos. Según una encuesta que cita Newsweek (12-11-2007), los demócratas que se proclaman “antipáticos con la religión” ha bajado del 20% al 15% en un año. Aunque no todos en el partido parecen de acuerdo con la idea de buscar el “voto religioso”.

Para orientar moralmente a los católicos ante las próximas primarias y presidenciales, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha publicado un documento de 44 páginas. El texto, titulado “Forming Consciences for Faithful Citizenship”, ofrece directrices generales que tener en cuenta en lo referente a siete temas clave: derecho a la vida; familia y comunidad; derechos y responsabilidades; opción por los pobres y vulnerables; derechos de los trabajadores; solidaridad, y medioambiente.

Los obispos norteamericanos señalan que los católicos no son “votantes de un solo tema”. “La posición de un candidato sobre un tema concreto no garantiza suficientemente el apoyo del votante. Pero la posición del candidato en un solo tema que implique un mal intrínseco, como apoyar el aborto legal o promover el racismo, puede legítimamente” provocar la retirada del apoyo electoral, afirman. El documento, sin embargo, reconoce que “puede haber ocasiones en que un católico que rechaza una inaceptable posición de un candidato pueda decidir votarle por otras razones moralmente graves. Votar así sería permisible solo por razones morales verdaderamente graves, no por anticipar intereses estrechos o preferencias partidistas o por no dar importancia a un mal moral serio”.

Entre los temas más controvertidos, los obispos estadounidenses recuerdan que “la vida humana está especialmente atacada por el aborto”, aunque también “la doctrina católica sobre la dignidad de la vida nos llama a oponernos a la tortura, la guerra injusta, y el uso de la pena de muerte, prevenir el genocidio y los ataques contra civiles, oponernos al racismo y vencer la pobreza y el sufrimiento”.